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Netanyahu durante su exposición por televisión.

AFP / JACK GUEZ

Israel siempre en busca del enemigo

Marta López

El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, ha dicho que su país no quiere una guerra con Irán.  Pero la puesta en escena del lunes por la noche para denunciar que el régimen de los ayatolás está desarrollando un programa nuclear secreto sí que persigue como mínimo minar los esfuerzos pacificadores en la región y cargarse años de duro e intenso trabajo diplomático, que se concretaron en el acuerdo del 2015, por el que Irán limitaba su actividad nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones.

En lo que el diario israelí 'Maariv' ha calificado como el "show de su vida", Netanyahu compareció ante montañas de carpetas y discos compactos que contenían, según él, cientos de miles de documentos que son "pruebas concluyentes" de la presunta existencia del programa nuclear secreto iraní. En un vídeo, mostró gráficas y fotos, una escenografía perfecta que recuerda a la desplegada en el 2003 por el entonces secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, que en una infausta sesión del Consejo de Seguridad de la ONU presentó una supuesta colección de pruebas sobre la existencia de arsenales prohibidos en Irak.  Todos recordamos lo que siguió después a aquella acusación y como nunca aparecieron esas armas.

Necesidad de defenderse

Desde su nacimiento en un entorno hostil y en medio de la conmoción del Holocausto-el 14 de mayo cumplirá 70 años-, Israel ha hecho de la necesidad de protegerse y defenderse una cuestión de supervivencia.  Durante siete décadas, el Estado israelí ha crecido y se ha desarrollado combatiendo por su seguridad, rodeado de estados árabes que le declararon varias guerras y las perdieron todas.

Pero ese tablero regional ha cambiado e Israel ya no tiene al otro lado de sus fronteras a los implacables enemigos existenciales de antes, sino a estados muy débiles, cuando no fallidos, empezando por las dos dictaduras bassistas de la región- el Irak de Sadam Husein y la Siria de la dinastía Asad. Egipto, país con el que firmó la paz en 1978, ha dejado ya  de ser el incontestado líder del mundo árabe y Jordania está fragilizada por sus conflictos demográficos internos.

Los enemigos árabes de antaño han sido sustituidos por el Irán de los ayatolás, en cuya retórica aparece siempre como aspiración la destrucción del Estado hebreo. Y el miedo al enemigo interno y externo ha sido siempre un elemento cohesionador de la heterogénea sociedad israelí, acostumbrada a vivir en un estado de guerra casi permanente. En Estados Unidos han vuelto los halcones.  Netanyahu dice que no quiere la guerra pero parece los astros se están alineando para un gran desastre.

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