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ANÁLISIS

Lewandownsky lamenta una acción fallida ante el Madrid (2-2).

DAVID CASTRO

Este Madrid no ganará la tercera final consecutiva

Iosu de la Torre

Querían que el Bernabéu fuese un volcán para triturar al Bayern. «Defendamos el trono, conquistemos la gloria», bramaba la Cibeles desde una grada vestida de blanco nuclear. En la calle, miles de hinchas empujaban, empeñados en tocar el autocar del equipo de Zidane, una marea humana que exigía alcanzar la tercera final consecutiva sin importarle cómo iba a lograrse. Como si a los alemanes llegasen descartados antes de saltar al campo y no pudieran demostrar que no estaban rendidos pese al 1-2 de seis días atrás.

Así de chulos se mostraban los del Madrid, que además contaron con el tradicional árbitro miope y la inesperada colaboración del guardameta contrario. El rompetechos fue incapaz de ver unas manos que le obligaban a pitar penalti segundos antes del descanso. Qué más daba que Cünyet Çakir perdonase a Marcelo impidiendo iniciar la segunda parte con el marcador 1-2 (y la eliminatoria empatada) si, al minuto de la reanudación el fiemo Ulreich regalaba un gol con una pifia tremendísima que le perseguirá mientras dure la ya inútil misión de sustituir al irrepetible Neuer bajo los palos del Bayern.

El mensaje de M. Rajoy

El partido pintaba tan bien para los de Florentino Pérez que en el palacio de la Moncloa ya tenían redactado el telegrama de felicitación de Mariano Rajoy, el olvidadizo del doblete del Barça. El Bayern le hizo tragar saliva una veintena de veces, hasta el minuto 96, con el 2-2 y el uy, uy, uy en las gargantas. 

El Madrid ya está en su tercera final consecutiva. Kiev determinará si mantiene tanta fortuna contra el Liverpool (o el Roma). Dirán lo que quieran sus seguidores, habrá que aguantarlos cuando insistan erre que erre que la Champions vale más que la Liga y la Copa juntas. Jugando tan bochornosamente como jugó anoche el Madrid, con un Cristiano Ronaldo desaparecido, agotado, sin ideas, sin el cañonazo con el que aún salva su pretendido codo a codo con Messi, la Champions es un trofeo de chatarra.

Cuando el Madrid la pierda el 26-M, el doblete del Barça será enorme. 

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