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Dos miradas

La proliferación de protestas por el 'caso La manada', las manifestaciones espontáneas, la indignación creciente, han hecho reaccionar al Gobierno español. Bueno, un poco. Sin excesos

La sentencia de 'La manada' no se agota en las primeras reacciones ni en el debate entre la reforma del Código Penal o la reforma de un sistema judicial que, por decirlo suave, tiene graves carencias. La verdad se esconde en los detalles, a veces desapercibidos. Y estos detalles explican muchas cosas no solo de la política sino de la mentalidad con la que el Estado afronta un caso tan paradigmático como este. Por un lado, las palabras altisonantes, las pomposas campañas, los pactos majestuosos contra la violencia sexista y el machismo. Por otro, la realidad de los pensamientos, anclados en una tradición retrógrada. La proliferación de protestas, las manifestaciones espontáneas, la indignación creciente, han hecho reaccionar al Gobierno español. Bueno, un poco. Sin excesos.

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Y entonces viene el ministro Méndez de Vigo y dice: "Tenemos que trasladar a los textos legislativos esta nueva actitud social que reina en nuestro país". Es eso que la ley siempre va detrás de la realidad. De acuerdo. ¿Pero es "una nueva actitud"? ¿Nueva? ¿Actitud? Ni es nueva ni es una actitud, una disposición de ánimo, señor ministro. Es una simple cuestión de dignidad, no una moda. Pascal Quignard, sin embargo, en sus 'Pequeños tratados', escribía: "Las modas son bolas de nieve que ya se saben avalanchas". Bien mirado, pues, y desde esta perspectiva, quizá sí que es una moda. La moda de luchar por los derechos humanos, una moda que no es nueva, precisamente, y que no perecerá.

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