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Dos miradas

Tras la ignominiosa sentencia de 'La manada', se extiende la actitud entre los jueces de que no tienen que dar explicaciones por una altiva superioridad que los convierte en el último reducto de la civilidad

En la ignominiosa sentencia de 'La manada' no es tan preocupante la actitud de los tres jueces de la Audiencia de Navarra (que lo es) como la corriente que los defiende y que, de rebote, en nombre de las más altas magistraturas y de varias asociaciones judiciales, anula la crítica a la judicatura porque es el símbolo del “imperio de la legalidad" y porque los jueces, "profesionales e independientes", son la muralla contra el caos. Esto es confundir los fundamentos de la convivencia con una actitud, cada día más extendida entre los magistrados, que otorga a los tribunales la categoría de 'deus ex machina'. Es decir, los jueces intervienen en el escenario fuera de las reglas de la narrativa social, sin tener que dar explicaciones, con una altiva superioridad que los convierte en el último reducto de la civilidad. La crítica, pues, es para ellos (todos, porque quien habla es el TS o el CGPJ) un menosprecio.

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Los jueces de la Audiencia de Navarra declaran probado que hubo "preeminencia" (es decir, "superioridad") pero al mismo tiempo interpretan la violencia implícita (porque, se mire como se mire, ser superior e impedir la libertad es una actitud violenta) en beneficio de los reos y no de la víctima. Esto, sin hablar del voto particular (el del "jolgorio y regocijo") que está escrito por un hombre que bebe de un manantial pornográfico, dada su fijación por los detalles escabrosos y la minuciosidad en describir la escena del crimen.

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