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IDEAS

Tres momentos de Sant Jordi

Jordi Puntí

Sant Jordi por la mañana. Coincido en la tertulia de Mònica Terribas, en Catalunya Ràdio, con la editora Maria Bohigas, el escritor Màrius Serra, la activista Míriam Hatibi y el economista Xavier Sala Martín. Hace sol, el ambiente es festivo y hablamos de los motivos para leer y regalar libros. Entonces el debate se desvía y Sala Martín opina que el soporte digital nos cambiará la forma de leer. Él mismo se pone como ejemplo y cuenta que tiene toda su biblioteca en el iPad. Se sirve del declive de la prensa escrita en los quioscos para describir una situación de cambio tecnológico y dice que, si no se adaptan a los nuevos tiempos, los libreros también "acabarán desapareciendo". Hará unos 15 años, pienso, que este discurso no varía, pero sigue siendo un argumento incierto y que se deshincha desde el presente...

En los estantes hay muchos espacios vacíos, agujeros donde antes estaban los libros de fondo

Dos días después, el miércoles, entro a fisgonear en la librería Laie. Como seguramente ocurre en todas partes, parece un paisaje después de una estampida de búfalos: libros desordenados, mesas medio vacías. Los libreros trabajan para restablecer el orden y uno de ellos, Lluís Morral, dice que me fije en los estantes, que eso es lo que le hace sentir más orgulloso: hay muchos espacios vacíos, agujeros donde antes estaban los libros del fondo, que por fin habrán encontrado abrigo en alguna biblioteca privada.

Por la tarde, vuelvo a 'Biblioteca bizarra', el librito que acaba de publicar Eduardo Halfón (Jekyll & Jill), y más concretamente al ensayo que da nombre al libro. Halfón recuerda las bibliotecas más peculiares que ha visto nunca. Aparece la biblioteca sionista de su tía abuela, la biblioteca de libros blancos de Patrick Deville, la del escritor Leonardo Sciascia, que coleccionaba retratos de escritores, o la curiosa biblioteca de cabecera de un señor llamado Bruno Sanders: la formaban libros escritos a mano, títulos que muchos lectores hemos oído nombrar pero nadie ha leído, porque sólo existen citados en el mundo de la ficción de Borges, de Poe, de Calvino. Cada anécdota y cada detalle de ese texto es un canto a la imaginación, a la fascinación por la lectura que quizá podríamos resumir con una obviedad: yo soy mi biblioteca.

Temas: Sant Jordi

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