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LA HOGUERA

'La manada' y la jauría

Juan Soto Ivars

Quien se ponga tiquismiquis por el jaleo de la turba, está más ciego que la justicia

Al olor a quemado de Twitter, cualquier enemigo del linchamiento querrá romper una lanza y distinguirse de la jauría. Creo que sería un error. No se ha condenado a 'La manada' por agresión, sino por abuso. Los jueces dicen que no hubo violencia ni intimidación, así que una oleada de rabia recorre las redes, la calle y la prensa. La unanimidad es pasmosa. Entre los mensajes de protesta abundan las distorsiones y los exabruptos. Esto provoca incomodidad.

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Salen políticos que admiten no haber leído la sentencia pero protestan con tuits en busca de su medallita. Sale gente que dice que en España sale gratis violar pese a que el matiz jurídico entre los delitos no ha evitado que 'La manada' sea condenada a nueve años, que no es una pena ligera. La furia exprés de las redes olvida que existe la apelación. Un tribunal superior podría ser menos miope que esos tres jueces, aunque aquí el sentimiento de impotencia te embarga si piensas que apelar obliga a la víctima a revivir una vez más lo que pasó.

Es cierto que la ebriedad justiciera ha derivado en un siniestro todo vale. Grandes medios han publicado la sentencia sin ocultar el domicilio familiar de los condenados para cosechar clics. Con esto, han puesto a las familias de los culpables a los pies de la turba. Así que sí, aquí hay ingredientes para futuros debates, un caso como este tiene también sus grises, entre los buenos de hoy proliferan los malos de mañana, pero todo esto no cambia lo esencial.

Lo esencial es que la jauría está en el lado correcto. El matiz entre abuso y agresión arroja a las mujeres a la vulnerabilidad. Se describe con pelos y señales la violación de cinco hombres contra una adolescente que corrió a denunciar lo que le habían hecho, pero se interpreta que no se resistió, y que por tanto no hubo violencia ni intimidación. Esto es falso, injusto e insensible. Si estamos interesados en lo que es justo, debemos protestar. Quien se ponga tiquismiquis por el jaleo de la turba, está más ciego que la justicia.

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