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Al contrataque

Morirá políticamente poniendo cara de no saber porqué ha llegado a acumular tanto desprecio

La torturada vida política española trajo la víspera de Sant Jordi una de las pocas noticias prometedoras de la temporada. Un sondeo serio e independiente difundido por este diario anunció con credibilidad que tenemos muchas posibilidades de perder por fin de vista a Mariano Rajoy, quizá el peor presidente de la democracia española, en cuanto se produzcan elecciones.

Justificaré las dos afirmaciones. La primera, el anuncio de una derrota del PP, es un dato objetivo. La encuesta concreta una pérdida de 12 puntos en el porcentaje de votos y le resta más de 50 de sus 137 escaños. Quedaría a más de 30 por detrás de Ciudadanos. La segunda afirmación, la de que Rajoy ha sido el peor, es subjetiva pues algunos pueden considerarle fantástico. Pero la encuesta le suspende con nota inferior a todos los demás líderes.

¿Qué pasa? Muchísimos españoles le consideramos: -el principal responsable por acción e inacción del crítico deterioro histórico de las relaciones Catalunya-España. -El máximo enemigo de la imprescindible reforma modernizadora de la Constitución. -Culpable de la laxitud frente a la corrupción generalizada en el PP y las instituciones que administra, y sospechoso a título personal de cuestiones que solo podrán abordarse con libertad cuando abandone el cargo. -Protagonista central de la judicialización de la vida política hasta un nivel desestabilizador así como de una crisis de la separación de poderes. 

Vaso desbordado

La bajada en picado de las posibilidades de continuidad de Rajoy se deben tanto a lo anterior como a que un prototipo de su equipo, la vulgar dimitida Cristina Cifuentes -no peor que otros-, haya abierto los ojos a muchos de sus antiguos votantes. Las gotas que desbordan los vasos son así. Y se produce pese a que la izquierda flojea desorientada por falta de un liderazgo moral del PSOE y las continuas muestras de inmadurez que exhibe Podemos. Rajoy morirá políticamente a manos de una incógnita y poniendo cara de no saber porqué acumula tanto desprecio cuando incluso ha untado, a la vista de todos, a los vascos para que prolonguen en lo posible su agonía.

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Desconocemos, más allá de la palabrería, lo que puede querer y puede hacer Ciudadanos. Envidian los resultados de Macron en Francia pero aún no han redactado ni la menor base teórica de su ideología. Solo les aúpa el deseo de que Rajoy se vaya. España deja para el futuro aclararse sobre lo que haremos. Todo nos parece un mal menor tras ver su capacidad, la de Rajoy, de declararle la guerra a un color o su insolvencia para abrir diálogos nacionales coherentes sobre cuestiones tan esenciales como las pensiones, la nivelación de las desigualdades, la plurinacionalidad o incluso, aunque parezca una broma macabra, su incapacidad para definir con rigor qué es y no es terrorismo pese a todo lo que hemos pasado.

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