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Análisis

A medida que gana el discurso del miedo, Europa intenta construir la isla que nunca fue

Primero fueron los inmigrantes, luego los refugiados y ahora los turistas. A medida que gana el discurso del miedo, Europa intenta construir la isla que nunca fue. A pesar de que a nuestro alrededor hasta ahora todo indicaba que no hay un lugar donde convivan tantos países en paz, compartiendo valores como la democracia y los derechos individuales, el cierre de Europa es un síntoma de que algo va profundamente mal.

La decisión de exigir permiso previo a los nacionales de terceros países es por ahora la última medida. Si tuviéramos una política de migración común tal vez tendría sentido. Sin ella, poner la barrera antes de acordar quién debe entrar solo es una victoria más de quienes atizan el temor. El mismo por el que hemos construido vallas por toda Europa, desde la periferia en Ceuta y Melilla, hasta las mas sorprendentes del interior, de Hungría a Calais, en Francia, o por el que se confiscan los barcos que intentan rescatar vidas.

El supuesto coladero 

Vamos hacia atrás porque el discurso del miedo avanza. Esta semana el director del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, David Beasley, afirmaba con rotundidad que Europa va a sufrir una nueva oleada de infiltrados radicales islámicos entre los inmigrantes que alcanzan el continente. Su tesis es que los radicales están reclutando entre las víctimas de la hambruna en Sudán. ¿Les suena? Es la misma sintonía que entona la extrema derecha francesa para ganar votos,  la que triunfó en el 'brexit', o la que torpemente insinuó el ministro del Interior de España, Juan Ignacio Zoido, para evitar cumplir con la cuota de refugiados a la que nos habíamos comprometido y que nunca llegaron. Sin ninguna evidencia de que los atentados del islam radical aquí hayan sido perpetrados por personas que tuvieran relación alguna con la refugiados, los populismos avanzan con el único fin de utilizar el temor en beneficio propio, pero sin base real.

Ahora es un alto cargo de Naciones Unidas el que argumenta que nuestras fronteras cada vez menos porosas van a ser el coladero de los soldados del EI. Si tuviera la más mínima evidencia, sería muy preocupante. El problema es que lanzó esta consigna para conseguir mas fondos de los gobiernos europeos para su organización, presentando el reparto de alimentos como el antídoto para evitar que amplias capas de la población caigan en manos radicales y entren en Europa como bombas humanas. Beasley lleva poco tiempo en el cargo. Su gran valor y conocimiento es haber apoyado a Donald Trump a la presidencia, que es quien luego le nombró para dirigir una de las agencias estratégicas de Naciones Unidas. Jamás intentaré esquilmar un céntimo a ningún programa de ayuda, al contrario, cada una de las personas que requieren ayuda y no la reciben debería pesar como una losa en nuestra conciencia –y no son pocas-, pero utilizar el miedo como herramienta de captación de fondos no solo es un paso mas en la construcción del relato del miedo que ahora atenaza a toda Europa, es terrorismo humanitario.

Temas: Refugiados

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