Ir a contenido

LA CLAVE

 En Twitter, la etiqueta #EstaEsNuestraManada ha empezado a crecer con rapidez a las 8 de la mañana.

Como si viera una peli porno

Joan Cañete Bayle

El voto particular de un magistrado habla de "actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo"

Leo el voto particular del magistrado Ricardo González en la sentencia del caso de la Manada, ese texto en el que se afirma que los vídeos grabados por los acusados solo observa "actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo", y la pregunta obvia es qué concepto del "jolgorio y el regocijo" tiene el señor magistrado. Él mismo se responde: las imágenes muestran "una cruda y desinhibida relación sexual, mantenida entre cinco varones y una mujer, en un entorno sórdido, cutre e inhóspito y en la que ninguno de ellos (tampoco la mujer) muestra el más mínimo signo de pudor, ni ante la exhibición de su cuerpo o sus genitales". Y añade: "No aprecio en ninguno de los vídeos y fotografías signo alguno de violencia, fuerza o brusquedad ejercida por parte de los varones sobre la mujer. No puedo interpretar en sus gestos, ni en sus palabras, en lo que me han resultado audibles, intención de burla, desprecio, humillación, mofa o jactancia de ninguna clase". Al menos, concede el magistrado, en ese ambiente se observa  "ciertamente, menor actividad y expresividad en la denunciante". Vamos, que ella se lo pasó un pelín peor que los chicos, pero todo fue divertido, ¿cómo va a ser, por ejemplo, una humillación grabar con el móvil lo sucedido en aquel portal?

Peli porno

O sea: el jolgorio sexual entendido como se ve en una peli porno de esas sin argumento (¿a quién le importa los diálogos?) y orientada solo al placer masculino. Esas películas en las que el cuerpo de la mujer solo sirve para ser utilizado por el hombre, uno, dos o los que hagan falta. Esas de primeros planos imposibles, atrezzos bizarros, resistencia sexual anti-natural, mujeres que gimen "más y más" y hombres que les dan lo que en el fondo ellos saben que les gusta y les excita de verdad, aunque digan que no. Esas mismas películas que son la única educación sexual verdadera de muchos chicos adolescentes que después se dan de bruces con que, en la vida real, el argumento de las historias sexuales y/o románticas sí suele importar. Sobre todo, ese diálogo en el que ella dice sí, consiente, disfruta, pide, da, vive en plenitud su sexualidad y no es un objeto casi inanimado, apenas tres orificios en los que ir descargando.

¿Puede una escena "sórdida, cutre e inhóspita" como la descrita ser un jolgorio para una mujer? Eso piensa el señor magistrado, a quien parece que tampoco le importa mucho el argumento de la película.

  

0 Comentarios
cargando