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El debate sobre la vida extraterrestre

¿Colonizar otros planetas?

FRANCINA CORTES

¿Colonizar otros planetas?

Jordi Serrallonga

Plantar patatas en Marte quizá no está en la agenda de nuestros dirigentes

Siempre es un placer empezar el día con alguno de los artículos del físico y comunicador científico Michele Catanzaro. No hace mucho escribió acerca de Stephen Hawking y una cita, en especial, atrajo mi atención: "La humanidad debería abandonar la Tierra, postrada por el cambio climático, y colonizar otros planetas" . Habría querido preguntar a Hawkins si, en serio, creía posible que los humanos lleguemos a poblar mundos extraterrestres. ¿Acaso hemos razonado qué implica algo tan complejo como, curiosamente, asumido? Una cosa es la teoría y otra muy diferente es materializar el sueño: ¿quién plantará las patatas en Marte?

Ya no podremos discutirlo con Hawking -falleció pocos días después- pero, aun a riesgo de parecer un aguafiestas, diría que jamás colonizaremos (al menos de forma sistemática o masiva) otros planetas. Es cierto que acostumbramos a confiar en la inteligencia y tecnología del género Homo para superar todo obstáculo; hace más de 1,5 millones de años, los homínidos salimos de África con destino a Eurasia. Hace poco más de 10.000 años, los cazadores-recolectores –como respuesta a cambios naturales en el medio– dimos paso a la invención de la agricultura y la ganadería.

Demografía y medio natural

La producción salvó a muchas comunidades humanas que derivaron, en poco tiempo, a lo que somos hoy en día. Paradojas de la vida, esta 'salvación' se tradujo en un rápido aumento demográfico y la alteración del medio natural; lo que en tiempos recientes ha desembocado en el cambio climático del que nos proponía huir Hawking. Por lo tanto, como solución, es natural que pensemos en una nueva era: el éxodo hacia el espacio. Pero, ¿esta vez lo conseguiremos?

A nivel técnico es, o será, factible. El imaginario de Jules Verne, en 'De la Tierra a la Luna', se hizo realidad con la carrera espacial: desde el Sputnik, pasando por el proyecto Apolo, hasta las sondas que arriban a los lugares más recónditos del sistema solar. Por el contrario, en lo concerniente a nuestros gobiernos, dudo que exista la previsión de un paulatino plan de evacuación; es decir, un pormenorizado programa para la exploración de otros mundos donde poder ubicar y salvar al 'Homo sapiens'.

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Una empresa de este calibre habría de unir el esfuerzo económico, tecnológico y político internacionales, y siento ser pesimista, pero no lo visualizo; más cuando ni tan siquiera nos ponemos de acuerdo para luchar contra el hambre, acabar con una guerra o frenar el cambio climático. Los egoísmos e intereses de cada nación están por encima del bien global. Lejos de futuros refugios humanos en el espacio, veo más predisposición a hipotéticas colonias mineras al estilo de 'Atmósfera Cero'. La escasez de recursos en la Tierra, sin duda, hacen salivar a las grandes corporaciones que persiguen explotar rentables riquezas extraterrestres.

Incluso, en el ámbito de la exploración, podemos soñar con una avanzadilla de astronautas plantando patatas –como hace Matt Damon– en Marte. Ahora bien, para que un humano ponga el pie en un mundo inhóspito se necesita de un proyecto con medios. Llevamos décadas de retraso en los programas tripulados; Obama, por ejemplo, recortó las partidas presupuestarias para el envío de cosmonautas al 'planeta rojo'. ¿Cómo 'plantar patatas', o instalar un Arca de Noé infestada de humanos, en Marte si todavía no hemos experimentado cómo sería la vida allí?

Ciudades presurizadas

En conclusión, grandes ciudades presurizadas -al estilo de las de 'Desafío total'- quizá son coto reservado a la ciencia ficción. Repito, no porque se trate de un imposible a nivel técnico, sino debido a la inexistencia de una estrategia e intención política para que esto se lleve a cabo.

Y de hacerse -de evolucionar en el campo de las migraciones extraterrestres a una escala mucho mayor que las de GagarinTereshkovaArmstrong o los turistas del espacio-, debemos comprometernos a que esto jamás derive hacia una salvaguarda selectiva de la Humanidad. Hoy, cuando son un hecho los récords de permanencia de un puñado de astronautas en las estaciones y laboratorios espaciales, la ficción que nos plantea el cine adquiere tintes realistas.

En 'Elysium', ante el avance del cambio climático y la superpoblación terrestres (hacinamiento, pobreza, enfermedades...), una lujosa estación espacial es el lugar de exilio -en el año 2154- para las élites con mayor influencia política, social y económica. No sería algo inaudito: la salvación de unos escogidos mientras la masa se extingue en el planeta que nos vio nacer como especie.

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