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Momento en que Trump le quita la caspa a Macron.

KEVIN LAMARQUE / REUTERS

La diplomacia del beso y la caspa

Rosa Massagué

No es casual la fecha en que el presidente francés, Emmanuel Macron, pronunciaba un discurso ante el Congreso de EEUU. También un 25 de abril, pero de 1960, el presidente Charles de Gaulle se dirigía a senadores y representantes. Otros jefes de Estado franceses --en realidad todos excepto François Hollande--, han hilvanado su pensamiento ante los congresistas en Washington, pero que la intervención de Macron coincida en fecha con la del general es una demostración del retorno a la política exterior francesa más clásica, la de una mayor apertura a hablar con todos los países más allá de diferencias ideológicas o estratégicas.

Las buenas relaciones entre Francia y EEUU son tan antiguas como sus respectivas revoluciones, la americana y la francesa, pero a lo largo de los años, sin dejar de ser aliados, han tenido sus más y sus menos. El propio De Gaulle buscó la independencia militar y diplomática en plena guerra fría con la creación de la ‘force de frappe’, la fuerza de disuasión nuclear propia, y la retirada de sus tropas de la estructura militar de la OTAN.

El desencuentro de Irak

La guerra de Irak (2003) causó un desencuentro profundo. Francia se opuso a la invasión y su ministro de Exteriores, Dominique de Villepin, defendió encarecidamente la no intervención en un célebre discurso en la ONU. Jacques Chirac, entonces presidente, mantuvo las distancias con aquella administración neoconservadora que sumió a Oriente Medio en un polvorín mayor de lo que ya era.

Macron quiere ser el socio europeo privilegiado de la actual administración y tiene la pista libre. Por mucho que Theresa May fuera la primera en visitar la Casa Blanca en la era Trump para fortalecer la histórica relación entre el Reino Unido y EEUU, al presidente no le interesan los perdedores y aquel es un país en declive, embrollado en el 'brexi't. Tampoco ha habido buena química con Angela Merkel a menos que se demuestra lo contrario en la inminente visita de la cancillera a Washington.

La visita de Estado de Macron a Washington ha ofrecido un derroche de excelente sintonía entre los presidentes manifestada por los numerosos besos, abrazos y golpes en la espalda que ambos se han dado. Pero detrás de las exhibiciones afectuosas han quedado desencuentros. El presidente francés, pese a presentar una versión mucho más amplia del tratado nuclear con Irán, no consiguió frenar la voluntad de Trump de acabar con él, algo que ahora ha cobrado mayores visos de realidad con el ‘halcón’ John Bolton recién nombrado Consejero de Seguridad Nacional. Ante el Congreso, Macron hizo una gran defensa del multilateralismo y una dura crítica del aislacionismo y el nacionalismo, pero su homólogo estadounidense no estaba ahí para escucharle.

¿Será Macron para Trump lo que Tony Blair fue para George W. Bush, su perro faldero? La pregunta la plantean los analistas de Eurointelligence y no es para nada ociosa. El momento que definiría esta posible relación sería cuando Trump le quitó ostentosamente a Macron p una mota de caspa de la americana con estas palabas: "Tenemos que hacerlo prefecto. Él es perfecto". ¿Perfecto para qué y para quién?   

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