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Progreso y sociedad global

Tesoros debidos de la juventud

Eugenio García Gascón

Ha llegado un momento en que los adultos deben aprender de los más jóvenes

Es posible sucumbir al espíritu de una época a pesar de haber sido educado en contra del espíritu de esa época. Es algo que ha pasado siempre, aunque lo contrario ha permitido que las sociedades reaccionen y evolucionen en direcciones distintas a la esperada, continuamente, a lo largo de la historia. Como también ha ocurrido lo opuesto. Cuando parece que una sociedad se ha asentado de una manera determinada, surge la fuerza de la juventud que da un golpe de timón en una dirección inesperada, incluso aunque la juventud haya sido educada conforme al espíritu reinante en el tiempo que le ha tocado vivir.

En la antigua Grecia, en Delfos, existían unas máximas que aparecieron grabadas en un monumento del norte de Afganistán, en el corazón de Asia, hasta donde llegaron los sucesores de Alejandro Magno, quienes continuaron usando allí el griego durante varias generaciones. Decían: En la infancia, compórtate. En la juventud, contrólate. En la madurez, sé justo. En la vejez, sé sabio. En la agonía, no sufras.

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Estas máximas nacidas de la experiencia responden a una mentalidad que rápidamente está desapareciendo en nuestros días, o que está pasando a un segundo lugar. Las prioridades de la antigua Grecia están dejando de ser las nuestras. El consejo que los sabios de Delfos daban a los jóvenes, que se controlaran, está pasado de moda, en desuso. En aquellos días hablaba la voz de la experiencia, pero esa voz ha ido perdiendo en el tablero en favor de la juventud, para la que la experiencia es una herramienta secundaria. Hoy en día no es raro que se tenga en mejor consideración la voz de la juventud que la voz de la madurez. Esto lo vio hace varias décadas la antropóloga estadounidense Margaret Mead, quien vaticinó que la juventud se convertiría en el modelo a seguir.

Marcar el rumbo

Ya estamos en la época que predijo Mead, y a la juventud le toca marcar el nuevo rumbo que ha de tomar la sociedad, y ahora ya no hablamos de la sociedad de un país, como ocurrió hasta muy recientemente, sino de la sociedad global, puesto que lo que ocurre en cualquier lugar del planeta, por alejado que esté, influye, y a veces enormemente, en el resto del planeta, y a una velocidad desconocida hasta la fecha.

Pero curiosamente a veces da la impresión de que una juventud que ha sido educada para expulsar el autoritarismo de la sociedad, está sucumbiendo al autoritarismo. No hablo de toda la juventud, aunque es evidente que los sectores autoritarios entre los jóvenes son más preocupantes porque teóricamente han sido educados justamente en contra del autoritarismo. No me refiero solo a España, aunque también me refiero a España, sino al conjunto de las sociedades occidentales.

Esas tendencias son visibles en el gran teatro del mundo. La victoria de Donald Trump lo corrobora hasta cierto punto pues el 37% de los menores de 29 años votaron por él mientras que el 55% votaron por Hillary Clinton, como también lo corrobora el empuje de los partidos nacionalistas y populistas en distintos países, incluso podemos decir que en grandes países, como Reino Unido o Alemania.

Preocupación general

Los populismos y los nacionalismos son en sí mismos movimientos autoritarios, dispuestos a imponer sus ideas a los demás, y por lo tanto deberían ser motivo de preocupación para todos. El hecho de que la juventud, o mejor dicho, que una parte de la juventud, y no debe olvidarse que nos referimos a una parte muy activa, esté participando en la primera línea del frente de los movimientos autoritarios, hace que nos preocupemos más, puesto que las grandes revoluciones sociales vendrán de la mano de la juventud.

El papel de la juventud ha adquirido una importancia que nunca tuvo en el pasado. Margaret Mead vaticinó que llegaría un momento en que los adultos aprenderían de los jóvenes, y eso es algo que ya está ocurriendo. Basta ver la soltura con la que los jóvenes dominan las nuevas tecnologías para darse cuenta de que están por delante de los adultos. Algo semejante ocurre en otras esferas.

Esto debería obligar a los jóvenes a ser reflexivos cuando emprenden una nueva empresa. Tienen mayores responsabilidades que los adultos puesto que han sido mejor educados que ellos, y también porque son quienes marcan las tendencias que luego seguirán las sociedades occidentales. Quizá en algunos países del tercer mundo, la juventud todavía no haya asumido ese papel, pero en las sociedades que nos son cercanas los jóvenes son decisivos.

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