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El debate de la lengua

Europa cuestiona la inmersión

Joaquim Coll

El Parlamento Europeo pregunta a la Generalitat por qué no se garantiza un mínimo de clases en castellano

El espantajo del ministro Méndez de Vigo cuando reabrió el debate sobre la enseñanza en castellano para luego concluir que no podía hacer nada, es otra prueba más de la cobardía del gobierno Rajoy. Porque la solución no pasa por cambiar la ley de educación de Catalunya, sino por cumplir las sentencias que garantizan un mínimo del 25% del total de asignaturas en castellano. Y como el ministro de Educación es desde hace seis meses, en virtud de la aplicación del artículo 155, el máximo responsable de las escuelas catalanas, la obligación es suya y de nadie más.

Si el PP puso sobre la mesa este asunto, siempre tan llamativo, no es porque pensara hacer nada, sino solo para meter prisas a los independentistas en formar Govern y así poder aprobar los presupuestos generales con el apoyo del PNV. Pero la discriminación que sufre el castellano en Catalunya no es un entretenimiento político sino un hecho objetivo.

Por eso es tan importante que el martes el Parlamento Europeo, a petición de la entidad Asamblea por una Escuela Bilingüe, decidiera preguntar oficialmente a la Generalitat por qué no se garantiza un mínimo de clases en castellano. Y si la respuesta no es satisfactoria, enviará una misión a investigar. La escuela monolingüe obligatoria, solo en catalán, la mal llamada inmersión, es un modelo inexistente en otras sociedades bilingües europeas, con más de una lengua oficial.

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La marginación del castellano que practica la Generalitat, que es el idioma de la mitad de los catalanes, es un caso sin parangón. También los catalanohablantes tenemos la obligación de abrir los ojos y decirlo. Si fuera al revés, no lo toleraríamos. Ya basta de hispanofobia o hipocresía. Porque algunos que no cuestionan desde una supuesta izquierda la inmersión llevan a sus hijos a escuelas privadas trilingües. La inmersión no respeta los derechos lingüísticos, favorece un mayor fracaso escolar de los castellanohablantes, no garantiza el correcto aprendizaje del castellano de los jóvenes catalanohablantes (las pruebas PISA se hacen solo en catalán) y choca con la Catalunya bilingüe que todos queremos.

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