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ANÁLISIS

Abrazo mariano

Antón Losada

El "abrazo mariano" agranda su leyenda letal e invencible. El arma política favorita de Mariano Rajoy, matarlos a abrazos, sin una mala palabra ni una buena acción y dejándoles que ya se suiciden ellos solos, ha vuelto a demostrar su eficacia. Hoy medio PP se estará preguntando cómo han podido estar defendiendo a un personaje tan imprudente e insustancial como Cristina Cifuentes, otro medio le estará reconociendo a Rajoy el mérito que tiene gobernar con semejante tropa sin que se derrumbe todo en cualquier instante, y todos estarán de acuerdo en que no podía hacer otra cosa; como con Francisco Camps, o Rodrigo Rato, o Esperanza Aguirre.

El final de Cifuentes no lo precipita el ya clásico vídeo de 'celebrity' pillada robando en el hipermercado, solo lo ejecuta. Rajoy ya la había sentenciado la víspera con una de sus letales frases: "lo que tenga que decirle a Cifuentes, si es que tengo algo que decirle, ya se lo diré en su día". Fue como ponerle una diana en la espada. La veda quedaba levantada, solo era cuestión de tiempo. 

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Ni un minuto más

Su empeño en aferrarse a la presidencia del PP en Madrid y repetir como candidata solo ha precipitado su descabello. Había que dejar pública constancia de que el partido la había defendido incluso más allá de lo razonable y ya no podía ampararla un minuto más. Rajoy solo tuvo que dar la orden. Ni le hizo falta hablar con ella, los voluntarios seguro que se contaron por decenas.

El daño causado por el escándalo del máster tuneado de la presidenta madrileña era inevitable desde el primer día. Se trataba de apagar el fuego y parece claro que el incendio se extingue con Cifuentes. A partir de ahí todo son ventajas. La culpa es suya porque le ofrecieron un honroso funeral vikingo en la convención de Sevilla, pero ella eligió el escarnio.

Regeneración democrática

El 'marianismo' podrá entrar por fin en Madrid, a desinfectar una herida que no dejaba de gangrenarse presentando un nombre limpio cuándo y cómo quiera Rajoy. A Albert Rivera y al Cs todos podremos decirles desde hoy que dos botes de crema antiedad, a 20 euros la unidad, han hecho más por la regeneración democrática que todas sus ruedas de prensa, sus ultimátums y sus diecisiete diputados en la Asamblea de Madrid. La izquierda se queda compuesta y sin moción, habiendo demostrado una vez más que, efectivamente, no suma para ser alternativa al PP.

Por si a alguien le queda alguna duda de hasta qué punto casi todo esto estaba planeado, la Moncloa ha guardado lo mejor para el final. Un acuerdo presupuestario con el PNV que rompe con la imagen de parálisis gubernativa y asegura la legislatura. Las casualidades no existen en política. La puñalada no puede resultar más certera: mientras Rivera y los suyos se dedicaban a azuzar el fuego del odio y la desconfianza avisando que no iban a tolerar más privilegios para los vascos, Rajoy y los vascos actualizaban las pensiones al IPC para todos los jubilados españoles en el 2018 y el 2019. El zasca no puede ser más épico: además de inútiles, desinformados.

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