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OPINIÓN

Graziani dispara un penalti ante Globelaar en la final de la Copa de Europa de 1984.

Graziani suspira por una revancha

Albert Guasch

Francesco Graziani ha reconocido hace unos días que a menudo ha suspirado por una segunda oportunidad. No lo puede olvidar. Los seguidores del Roma no se lo permiten. "La gente aún hoy me lo recuerda", ha comentado esta semana en el 'Daily Mail'.

A aquel tosco delantero italiano, hoy con 65 años, se le ha ocurrido una manera original de expulsar sus fantasmas. "Tengo que llamar a Bruce Grobbelaar. Tiene que volver al Olímpico de Roma. Y delante de todos los aficionados tenemos que repetir ese penalti". Grobbelaar, interpelado a distancia, no ha podido más que sonreír al escuchar la propuesta.

Hace 34 años de aquella final de la Copa de Europa que el Liverpool conquistó en el corazón de Italia. En la tanda de penaltis, en una de esas escenas icónicas del fútbol, Grobbelaar empezó a moverse como si fuera una marioneta borracha cuando Graziani se preparaba para el lanzamiento. Piernas de espagueti, lo definieron entonces en Inglaterra. Graziani disparó con firmeza, pero la pelota golpeó el larguero y voló hacia el espacio. Un jugador del Liverpool, Alan Kennedy, marcó en su siguiente turno y el sueño romano se esfumó.

Táctica de distracción

Graziani, hoy día colorista comentarista para Mediaset, cayó víctima de la maniobra de distracción del portero surafricano, se dijo en su momento. En realidad, el punta se quejó de los fotógrafos de detrás de la portería y sus flashes. Por entonces aún podían ubicarse ahí. Pero nada le redimió de su condena eterna. “El fútbol siempre da revancha”, dejó dicho Diego Armando Maradona. Para Graziani, no la hubo. Y ahora se la inventa, tan en broma como en serio, de cara a la vuelta de las semifinales de la Champions, de nuevo en el estadio Olímpico.

Quién sabe si Ernesto Valverde dispondrá algún día de una segunda oportunidad en Roma. En la final de Copa se pudo tomar una revancha redentora. Las críticas, algunas justificadas, se han tornado elogios, más que justificados también. No hay incompatibilidad. 

Este fin de semana, presumiblemente, se ratificará en su método con su primera Liga. Doblete de autoestima y calma ambiental redoblada. Bien ganada. 

No hay duda de que si Graziani pudiera volver a chutar el penalti, trataría de no apurar tanto el ángulo; si Valverde pudiera replantearse la vuelta de Roma, cambiaría seguro la orientación del equipo. Él demostró en la final de Copa que es capaz de corregirse. A ver si no es el único.