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Dos miradas

En la etapa más delicada de la formación académica se permitirá ejercer de profesores a personas no cualificadas específicamente para ello

La crítica sería demasiado fácil. La última 'consellera' de Ensenyament, Clara Ponsatí, tenía otras preocupaciones. Sería fácil e, incluso, cómodo. Porque no desnudaría que, desde hace años, la escuela pública no es una prioridad. De repente, la falta de profesores para la ESO se ha convertido en tan urgente que la Conselleria d’Ensenyament fichará a profesores que no hayan realizado el máster obligatorio. Es decir, en uno de los momentos más delicados de la etapa de formación, donde el abandono escolar aún alcanza un porcentaje que es sinónimo de fracaso, se permitirá ejercer de profesores a personas no cualificadas específicamente para ello. Un mazazo para los alumnos, pero, también, para los jóvenes que están cursando ese máster.

La medida delata lo que ya sabíamos, que los recortes en la enseñanza tenían un componente ideológico. Un problema tan grave debería haberse detectado a poco que hubiera voluntad para ello. Como ha señalado en Twitter el director de la Fundació Jaume Bofill, Ismael Palacín, la improvisación es grave, porque estos niños nacieron hace 12 años y la demografía ya permitía anticipar necesidades.

Antón Costas, catedrático de Política Económica de la UB, escribía en estas páginas: “El deterioro de la educación no solo perjudica a los más débiles: trae una sociedad más clasista, una política más polarizada y una democracia más aristocrática”. Esto es, en realidad, lo que hemos estado votando.

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