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Editorial

Un excepcional Sant Jordi

Lo deseable es que el próximo año pueda celebrarse la fiesta en un clima de normalización que ahuyente la crispación con un diálogo sincero

Carme Riera firma libros en el stand de Abacus de Rambla de Catalunya.

Carme Riera firma libros en el stand de Abacus de Rambla de Catalunya. / JULIO CARBÓ

La excelente meteorología y el hecho de caer en un lunes laborable han aumentado las expectativas de un Sant Jordi que ha sido pletórico, tanto por la efervescencia ciudadana como por el volumen de ventas en libros y rosas, este año rojas y amarillas como consecuencia de la situación política. En cuanto a los libros, que han sufrido estos últimos meses los vaivenes de la convulsión social, parece ser que las cifras también son halagüeñas. Como ha declarado Joan Lluís Lluís, ganador del Premi Sant Jordi, "es la fiesta del libro más grande y más bonita del mundo, que cada año se actualiza y se reinventa".

Este 2018, sin embargo, ha sido el Sant Jordi más excepcional de la historia. La aplicación del artículo 155 y la falta de un gobierno efectivo de la Generalitat han eliminado la recepción oficial, y ha planeado sobre el ambiente la encarcelación de políticos catalanes y la incertidumbre del futuro. Aun así, escenas como las vistas en la jornada de puertas abiertas del Palau de la Generalitat, teñido de amarillo el Pati dels Tarongers, han caracterizado una jornada cultural y festiva que también ha devenido en reivindicativa.

La fortaleza de Sant Jordi se basa en un legado de convivencia y armonía cívicas fundamentado en el elogio del libro y la lectura, de las rosas y el amor, en una reivindicación de la calle como lugar de encuentro y de ejercicio de la tolerancia. Lo deseable, para este país, es que el próximo año pueda celebrarse de nuevo en un clima de normalización que ahuyente la crispación y que permita un diálogo sincero, único camino para resolver las diferencias políticas ahora enrocadas. Como ha dicho Sergio Ramírez, el flamante Premio Cervantes, en la entrega del galardón, "una novela es una conspiración permanente contra las verdades absolutas". En tiempos de maximalismos, el arte apuesta por la relatividad y el debate de las ideas en libertad.

En cuanto al ámbito estrictamente librero, este Sant Jordi se ha caracterizado por la eclosión de una literatura y un pensamiento de alta calidad escritos por mujeres, por la gran cantidad de títulos relacionados con el 'procés', por la reivindicación de clásicos como Víctor CatalàPedroloVázquez Montalbán o Maria Aurèlia Campmany, por las ventas de novelas con premio incorporado (como las de Martí Gironell, Màrius Serra o J.L. Lluís) y por presencias notables de escritoras como María Dueñas o Almudena Grandes

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