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Dos miradas

Reflexioné como me indicó amablemente el Ministerio del Interior, leyendo el artículo 573 del Código Penal, que las escenas apocalípticas de una afición silbando -previstas por el ministro y cabecillas del fútbol- no me lo parecían tanto

Tal como me indicó amablemente el Ministerio del Interior, dediqué todo el fin de semana a reflexionar sobre el Código Penal y los delitos de terrorismo. Prácticamente no hice nada más. Y también vi un partido de fútbol con muchos aficionados que no pudieron lucir camisetas o bufandas amarillas, o nada que fuera amarillo en general, porque las fuerzas de orden de este ministerio lo habían confiscado. Confiscar un color. No los colores de la corbata que lucía el monarca del reino, que correspondían a uno de los dos equipos y no al del equipo de los aficionados que querían entrar vestidos de amarillo en el estadio.

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Pensé que cuando un rey se pone una corbata no es como nosotros, que nos ponemos la primera que encontramos, sino que lo estudia mucho, porque sabe que saldrá en todas las televisiones y en todas las fotos. Y también reflexioné, leyendo el artículo 573, que las escenas apocalípticas de una afición silbando -previstas por el ministro y cabecillas del fútbol- no me lo parecían tanto, porque eran unos ciudadanos que expresaban una opinión, al igual que había otros ciudadanos, los del equipo de la corbata del rey, que expresaban otra.

Y ya está. Mientras yo y unos cuantos más reflexionábamos sobre el Código Penal, el resto descansaba, protegidos por la Guardia Civil y la Policía Nacional. Y, al final, pasé un 'finde' distraído, que es lo que me recomendaba el Ministerio.

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