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Cuestión de edad

Ustedes los jóvenes...

Carles Sans

A veces se interpone una equidistancia natural entre la madurez y la juventud que, aunque nos cueste, debemos aceptar. Así, sin más

Un profesor de mi época de bachiller siempre enjuiciaba nuestro comportamiento o ciertas ideas con el encabezamiento “Ustedes los jóvenes”, una manera de marcar distancia entre su avanzada madurez y nuestra maravillosa juventud. A veces parecía enorgullecerse de ello, pero sospecho que había un punto de fastidio en su tono. “Ustedes los jóvenes y su impertinencia”, nos decía a veces.

A mediados de los años 80, cuando éramos tres chavales que despuntábamos en el panorama teatral de España, coincidimos en un restaurante con Rafaela Aparicio, una actriz con más de 150 películas a sus espaldas, muy galardonada, e importante icono del cine español. La saludamos suponiendo que nos reconocería al decirle que éramos Tricicle, pero la realidad fue que nos contestó: “¡Ah, muy bien!”, con esa su voz tan característica, se hizo un sitio con la mano para pasar y se marchó. Nos quedamos un poco confusos con aquella respuesta, pero nuestra arrogancia juvenil atribuyó aquel fiasco a la avanzada edad de la actriz; era ya muy mayor y la sentíamos como que estaba algo desconectada de la actualidad.

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Muchos años después he vivido una escena a la inversa, ahora que ya no somos jóvenes, que estamos en el otro lado y das por supuesto que la mayoría de las personas nos conoce: me encontré en una fiesta multitudinaria con Macarena García, una actriz joven que admiro por su manera de trabajar y por su belleza en la pantalla. Hice lo que no suelo hacer casi nunca, acercarme hasta la barra donde ella estaba y presentarme como fulanito de tal de Tricicle, a lo que ella, sonriente, me respondió con el mismo “¡Ah, muy bien!” con que nos respondiera la entrañable Rafaela Aparicio 30 años antes. Ahora era ella, la juventud de Macarena, quien no nos reconocía porque la juventud mira al futuro y no al pasado, y nosotros no formamos parte del suyo. A veces se interpone una equidistancia natural entre la madurez y la juventud que, aunque nos cueste, debemos aceptar. Así, sin más.

Temas: Teatro

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