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AL CONTRATAQUE

El truco esencial para publicar tu novela

Juan Soto Ivars

Es difícil que un editor te preste atención si tú no has prestado antes atención a lo que él publica

A los escritores más o menos visibles nos llega con frecuencia un mensaje a través de las redes sociales. Lo ha escrito alguien que ha terminado un libro y nos deja dos opciones: la primera, ser sinceros y amables y dedicar un rato a responder. La segunda, por desgracia la más habitual, fingir que no hemos visto nada como cuando el mendigo pide un cigarro en los andenes de la estación de autobús.

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Este mensaje es siempre el mismo aunque venga cada vez de una persona nueva. Alguien a quien no conocemos pero que asegura habernos leído ha terminado, por fin, su libro. Ha volcado allí su esfuerzo, lo mejor de sí mismo, y ahora clama en el desierto porque lo envió a un par de editoriales y recibió la callada como respuesta. En un tono simpático entre cuyas líneas se adivina una desesperación agonizante, nos pide consejo y adjunta un documento por si tenemos tiempo para “echarle un vistazo”.

Escribir una novela es un ejercicio solitario y fastidioso. Solo el hecho de terminarla merece alguna clase de consuelo. Mandar el fruto de ese esfuerzo a editoriales es como abandonar al hijo en una canasta y confiar en que la corriente del río lo convierta en rey de los judíos. Mi periplo desde el anonimato hasta las librerías fue penoso y duro, no tuve padrinos, pero por el camino aprendí un truco esencial que voy a compartir contigo. Has de saber que el filtro editorial es igual de estricto para el genio y para la morralla. El buzón donde caen los manuscritos es siempre un caos saturado y asfixiante. Para que un editor se digne a echarle un vistazo a lo tuyo, primero tienes que hacer algo que casi nadie hace. Tienes que invertir la balanza de la vanidad.

Seducción sin prisas

Sé un lector activo y curioso. Es difícil que un editor te preste atención si tú no has prestado antes atención a lo que él publica. Cada día hay decenas de presentaciones literarias en la ciudad, donde autores y editores suplican a los hados que les manden unos cuantos curiosos. ¿No conoces a nadie en el mundillo? Allí los encontrarás. A través de las redes sociales puedes enterarte de qué presentaciones se celebran y dedicar unos meses a frecuentarlas. Tu curiosidad por los libros ajenos es más importante que la originalidad con que vendas tu libro.

Desde fuera ves al editor como un rey Midas, como un altivo emperador que te mira de reojo y te hunde en la miseria bajando displicente su pulgar, pero no lo es. Un editor no es más que una persona frágil y esforzada que se deja los cuernos y los cuartos para que un libro en el que cree sobreviva en la marejada de las novedades. Premia su esfuerzo con tu lectura antes de pedirle que te lea. Acércate a su trabajo con la curiosidad que te gustaría encontrarte. En la seducción no hay fallo más común y más penoso que la prisa.

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