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Festival reivindicativo

Imponente 8Clara Peya, sentada ante el piano y rodeada de público, en la sala central de la Modelo, el viernes.

MARTÍ FRADERA

Colas a la puerta de la cárcel

Isabel Sucunza

El #NoCallarem de la Modelo ha sido un festival tan necesario y justo como solo pueden serlo la cultura y la poesía

Una de las cosas que más gusto daba el domingo pasado a las puertas de la Modelo era ver a tanta gente dándole la espalda al escenario principal -el que había montado en el cruce de las calles de Entença y Rosselló-, encarando el escenario secundario -el de Entença/Provença-, siguiendo atentamente la actuación de toda una lista de poetas que iban subiendo a recitar.

La poesía tenía que estar presente en este festival porque la poesía es grito y allí de lo que se trataba era de gritar. Qué gran acierto tuvo quien fuera que decidió incluirla en primera instancia en la programación de los actos que a lo largo de toda la semana pasada se fueron celebrando ahí mismo: en la cárcel, dentro y fuera, como parte del programa de un festival imprescindible y fulminante.

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El #NoCallarem ha sido un festival tan necesario y justo como solo puede serlo algo que implique ponerle amplificación a lo que apareció en primera instancia como clamor popular. Necesario y justo como solo pueden serlo la cultura y la poesía, vaya. Es imposible que pinchen las cosas cuando se hacen de esta manera, siguiendo este orden. Cuando el Ayuntamiento hace una 'superilla' en un sitio donde nadie la había pedido, lo más normal es que se levanten voces que pregunten qué necesidad había de esto, cuando en cambio lo que se hace es abrir las calles para aquellos que hace tiempo que gritan que son suyas, y encima se abren para que no callen, para que lo puedan gritar más fuerte, las voces que se levantarán irán, seguro, acompañadas de aplausos.

Hace cuatro años que la librería donde trabajo funciona y más de una vez, y de dos y de tres, cuando hemos programado poesía, me he sorprendido mirando con satisfacción y con un poco de sorpresa también, cómo se formaba una cola a la puerta del lavabo, una vez acabado el recital. El domingo y toda la semana pasada, esta misma sensación de satisfacción la he ido experimentando ampliada al ver que cada día, la poesía, la música, el teatro y el arte hacían que se formaran colas para entrar en la cárcel.

Sí: colas para entrar en la cárcel. Pensadlo.

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