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Al contrataque

Se inicia la fase 2

Antonio Franco

Con el endurecimiento del conflicto catalán, hemos entrado en la fase 2 de toda degradación: menos palabras y más hechos. Eso incluso se predica

Tomen nota: la palabra es endurecimiento. Hace unos meses varios políticos del procés comparecieron sumisos ante los jueces. Algunos llegaron a decir (o reconocer) que la declaración unilateral y el advenimiento de la república habían sido simples gestos simbólicos. Tal vez era su reconducción –temporal, claro– hacia un autonomismo que no deseaban. Ahora, en otra ronda, han cambiado. En vez de dulcificar su desafío a la Constitución acusan a la cara a los jueces de vulnerar la separación de poderes, coordinarse ilegalmente con el Gobierno y protagonizar una  farsa judicial que ya tiene escrito el desenlace. Quizá todo es más sincero pero, sin duda, menos político en un tiempo que necesita mentiras conciliadoras políticamente correctas que reconduzcan las cosas. 

La pasada bonhomía soberanista era humana: buscaba aminorar la contundencia de las acusaciones y las medidas judiciales cautelares. La dureza actual es política. Cuesta pensar que ante Llarena no pensasen en aquel «la Historia nos absolverá» de Fidel Castro. El poder español mira preferentemente al escenario internacional. Quiere que los jueces alemanes, belgas e ingleses y la cada vez más conservadora opinión pública europea sepan que en el pacifismo de las sonrisas se han producido 193 cortes de carreteras, vías férreas y peajes que han alterado la vida cotidiana de la mayoría civil catalana, esa que no quiere la independencia.

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Cada vez todo es más agrio. Torrent, presidente del Parlament, rehuye incluso hablar con Millo, delegado del Gobierno. Pero el endurecimiento más palpable es la insensata prolongación de encarcelamientos preventivos de políticos que no han sido juzgados. Rajoy y Puigdemont soplan sobre brasas cada vez más malcaradas. Y avanza la desinformación organizada.

El comité de la ONU

Más allá del desgaste definitivo de la palabra violencia (hay desacuerdo esencial sobre dónde empieza) los medios quieren que la gente de la calle distinga las diferencias entre rebelión y sedición, mientras voces teóricamente periodísticas predican que un papel aceptado a trámite por un comité de la ONU ya equivale a un dictamen definitivo, o que la toma cautelar de postura de una instancia judicial alemana equivale de facto a una sentencia absolutoria en un juicio internacional.

Aun así lo peor del endurecimiento todavía es sordo, ciego y bastante callado pero está en la calle. Piensen en lo que refleja, por ejemplo, el 'caso Joan Boscà', aparentemente banal. Un instituto de bachillerato de Barcelona tuvo que suspender una jornada de puertas abiertas porque se convocaros a sus puertas, para la misma hora, dos manifestaciones estudiantiles contrapuestas de apoyo y crítica al independentismo. Hemos entrado en la fase 2 de toda degradación: menos palabras y más hechos. Eso incluso se predica.

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