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ANÁLISIS

Raúl Castro (derecha) levanta el brazo del nuevo presidente de Cuba, tras ser nombrado oficialmente por la Asamblea Nacional, en La Habana, el 19 de abril.

AFP

Cuba; Y todos fueron héroes

Vicenç Sanclemente

El retiro de Raúl Castro del Gobierno y del Consejo de Estado cubanos abre la incógnita de si el relevo supondrá cambios. La Revolución Cubana y la figura de Fidel marcaron el siglo XX. Cuba encontró su espacio en el mapa mundial. David contra Goliat. Pero el precio fue altísimo: un país partido en dos; el que no era un héroe, era un “vendepatrias”;  una serie de oleadas migratorias; la fuga permanente de talentos y el enmudecimiento de la siguiente generación.

La historia de Cuba no puede explicarse sin el bloqueo norteamericano y la recesión económica tras el derrumbe del bloque socialista, en lo que se llamó el “periodo especial”. Tras la crisis de Venezuela los problemas económicos se han agudizado. Hay una gran dificultad en generar recursos. La mayoría de los ingresos provienen del exterior: de los profesionales que trabajan en el extranjero, de las remesas que envían los familiares y del turismo.

Las diferencias entre los cubanos que tienen acceso al dólar y los que no, aumentan. La existencia de dos monedas es un calvario. Los empleados públicos o pensionistas cobran en pesos cubanos. Los salarios públicos difícilmente superan los 40 euros al mes. El cubano “resuelve” y eso ha sido heroico, pero le gustaría poder vivir de su salario.

Épica relajada

La épica permanente que Fidel pedía a la población se relajó con Raúl, que fue acercándose a la realidad. Autorizó cosas tan obvias como la compra de teléfonos móviles y ordenadores, de automóviles y viviendas. Amplió los permisos para trabajos privados (cuentapropistas). Admitió la cesión de suelo en usufructo para agricultores y cooperativas. Y,  sobre todo, ordenó la reforma migratoria, facilitando la entrada y salida de los cubanos a la isla sin permiso previo.

Pero Raúl no ha sido Deng Xiaoping, iniciando una nueva era. El nuevo Gobierno deberá definir qué entiende por “desarrollo”. Algunos economistas le piden reconocer el mercado, la existencia de la pequeña y mediana empresa y racionalizar las compañías estatales inservibles.

El restablecimiento de relaciones con Estados Unidos no ha supuesto un cambio radical como se esperaba. Ni tan fuerte ha sido la afluencia de turistas “de la Yuma”, ni tan terrible la llegada de Trump. Lo más destacado, “el portazo” de Barack Obama, al anular la ley “Pies Secos, Pies mojados”, que permitía el ingreso de inmigrantes de la isla si habían pisado la costa estadounidense. Eso ha resquebrajado el sueño de muchas familias. Implica que sus hijos deberán luchar desde dentro  por un país mejor.

El ambiente de vuelta a una guerra fría no ayuda, pero en las familias, en el mundo de la cultura y, sobre todo, en las redes, se reconoce la pluralidad de opiniones. Eso no ocurre todavía a nivel oficial o en la calle. Continúa una represión de baja intensidad contra la disidencia, con detenciones arbitrarias de pocas horas. En marzo hubo 319. Los analistas que profetizaron que Raúl podría redactar una nueva ley electoral, una ley de asociaciones políticas o una ley de prensa, se pasaron de tirada.

El sustituto de Raúl será Miguel Mario Díaz Canel. Cumplirá 58 años este 20 de abril. No es militar. No había nacido cuando Raúl Castro, tres décadas mayor, entró victorioso en La Habana. Díaz Canel ha tenido detalles aperturistas. Como su apuesta para que los estudiantes del blog La Joven Cuba, de la universidad de Matanzas -militantes autocríticos del Partido Comunista-, puedan seguir publicando su página. Aunque sus primeros discursos sean oficialistas, muchos vislumbran que habrá cambios, lentos y pacíficos. De la excepcionalidad permanente se pasará a la gestión. De la leyenda a la realidad. Quien critique las realizaciones del Gobierno no podrá ser considerado por ello “antirevolucionario”.

El tiempo pasa. El pueblo cubano ha esperado la salida natural de la primera generación en uno y otro lado del estrecho de Florida, para garantizar cualquier cambio por vía pacífica. Empieza una nueva era, y quizás, pasados unos años se reconocerá que todos fueron héroes.

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