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Dos miradas

No soy sabia sino alguien que se apresta a saber. Cifuentes es una filósofa. Y no lo sabíamos

El asunto del máster de Cifuentes ya ha superado los límites de la mistificación y ha entrado en el terreno pantanoso del espectáculo de varietés. Sin olvidar, por supuesto, que en todo este follón quien sale perjudicada no es solo una universidad con prácticas cuanto menos dudosas sino todo el sistema, que bastante dañado está por culpa de la dejadez presupuestaria de la administración. Hay varias universidades que trabajan a conciencia y con seriedad para agrandar los estudios de posgrado y para convertirlos en una punta de lanza de su expansión internacional. Hoy, más allá de la reivindicación -que cada día será más fuerte- sobre la necesidad de aplicar precios públicos como consecuencia de su reconversión en una continuidad de los estudios de grado, los másteres son una herramienta de política universitaria para incorporar estudiantes y profesores extranjeros y para hacer más universal la apuesta docente y de investigación.

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Pero bueno, quedémonos con el espectáculo. En la renuncia a un máster tan turbio (¿qué quiere decir exactamente "renunciar"?, ¿dejar de tener colgado el título en el despacho?), Cifuentes ha alegado que el único interés que tenía era el de "ampliar conocimientos", a pesar de las "dificultades personales" para poder ampliarlos en condiciones. Sería inhumano no enternecerse ante una confesión pitagórica tan emotiva y sincera: no soy sabia sino alguien que se apresta a saber. Cifuentes es una filósofa. Y no lo sabíamos.

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