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IDEAS

El filósofo italiano Nuccio Ordine. 

ALBERT BERTRAN

Espíritu crítico en estado crítico

Ricard Ruiz Garzón

El profesor italiano Nuccio Ordine, en 'Clássics per a la vida' (Quaderns Crema / Acantilado), escribe: “En lloc de formar pollastres d’engreix criats en el conformisme més miserable, caldria formar joves capaços de traduir el seu saber en un constant exercici crític”. Y en la misma línea, el maestro Josep Fontana, en 'L’ofici d’historiador' (Arcàdia), subraya que la enseñanza a los alumnos de historia no ha de consistir en “inculcar-los una sèrie de veritats establertes sobre el passat”, sino en alimentar sus mentes “amb la formació d’un esperit crític que els dugui a entendre que són ells mateixos els que han de judicar, amb l’experiència adquirida, el paisatge social que els envolta”.

 Tales alertas, en boca de sabios como Ordine y Fontana, deberían ser titulares de diario, aldabonazos informativos, noticias del día, del mes y del año. Y más cuando, en las mesas de novedades, no son los únicos que apuntan al mismo objetivo. Los lúcidos artículos de combate que la emergente autora de ciencia ficción Kameron Hurley ha visto traducidos en 'La revolución feminista geek' (Runas), los inagotables ensayos de la fallecida Ursula K. Le Guin compilados en 'Contar es escuchar' (Círculo de Tiza) o la noble, encendida y solidaria defensa del activismo que Rebecca Solnit efectúa en su balsámico 'Esperanza en la oscuridad' (Capitán Swing / Angle Editorial) son ejemplos de pensamiento crítico alentado y ejercido desde ámbitos ninguneados hasta hace poco, como la literatura de género, el feminismo o la salud ambiental. ¿Brotes verdes en un proceso de desertización? Añádanles dos motores de pensamiento tan estimulantes como 'La analogía', de Douglas Hofstadter y Emmanuel Sander (Tusquets), y el 'Gran Hotel Abismo' (Turner) con el que Stuart Jeffries ha biografiado de forma crítica los críticos de la teóricamente crítica Escuela de Frankfurt y no solo tendrán media docena de excelentes recomendaciones de no ficción para Sant Jordi, sino también la fórmula secreta para evaluarlo todo, libros y estado de la cuestión. Esa fórmula, en fin, formada por cuatro sencillos términos de compleja aplicación: educación, cultura, política… y espíritu crítico.