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ANÁLISIS

Cifuentes: al primer tapón, zurrapa

Javier Aroca

Los que estábamos en puestos informativos nos hemos llevado un buen respingo. Cristina Cifuentes ha renunciado, saltaba la noticia. Pero, qué va, era solo que renunciaba a su máster, es decir, una noticia taponazo, con final en zurrapa, es decir, en nada. De todos los verbos conjugados en los últimos tiempos políticos, renunciar, cesar, abandonar, abdicar, ninguno es tan contundente como dimitir, pero de eso, nada de nada.

Luego nos fuimos enterando. Cifuentes ha escrito una carta al rector, a su rector de la Rey Juan Carlos. Renuncia a su máster y le riñe porque, vamos, que la han engañado. No reconoce el regalo, ella lo hizo bien, si acaso, hay irregularidades de la que ella es ignorante e ingenua. Otra cosa es que hubiera  denunciado la maldad de su mentor, una especie de defensor del estudiante-dirigente pepero, todos siempre en formación continua, digamos, encarnado en la figura del ya consolidado conseguidor de títulos Enrique Álvarez Conde, pero tampoco. Si hubiera sido así, se hubiera comprendido que entonara un renuncio, pero a Satanás, a sus obras y a sus pompas, pero lo de pompas le debe sonar a doña Cristina a fúnebre, sobre todo, después del respaldo del enterrador Mariano en Sevilla, cuya sola mención del nombre, luego viene eso de esa de la que usted me habla, hace rezar el gorigori a cualquiera popular.

Sus asesores, los 'cristinos', si es que no ha habido refuerzos 'marianos', pensarán que esta estrategia es la acertada pero no, parece que acaba todo de empeorar. Cifuentes ha mantenido hasta ahora que todo lo suyo es legal y fruto de su esfuerzo, hasta con soledad y nocturnidad, pero, ¿cómo se renuncia a esto? Si el título es suyo, y es legal, ¿por qué renunciar? ¿No sería mejor esperar a que te den la razón? Zurrapa, insisto.

Me imaginaba a mi magnífico rector de la Hispalense abriendo una carta en la que un servidor diría que renuncia a su título universitario de licenciado en Derecho. ¿Qué respondería? Supongo que, mire usted, señor, renuncia a su grado o licenciatura, o posgrado: a eso, no se renuncia; es suyo. En realidad, el verbo a conjugar es dimitir y en primera persona, lo dice uno que no tiene ni máster en lingüística.

Cifuentes no solo renuncia y no dimite, sino que señala uno de los problemas más graves que asolan, de momento, a la universidad pública parasitada por el poder político, o partidista mejor, a la Universidad Rey Juan Carlos. Supongo que tarde o temprano habrá una auditoría pero, de momento, doña Cristina ha dicho que sus másters, si me permiten la expresión, son un mojón que no sirven para nada y menos si son del Instituto de Derecho Público, y menos aún sin son tutelados por Álvarez Conde y más si están de por medio rectores plagiarios o nepóticos, residan o no ahora en el Constitucional.

Se dirá que esto está dentro de la estrategia de desgaste a Ciudadanos, pero quia, el partido de Albert Rivera se desgasta solo, no acaba con la corrupción, opera ambulatoriamente y mantiene los conductos y viaductos de la corrupción institucional. Cifuentes, al estilo de sus mayores, se ha quedado en la renuncia, pero, como se suele decir, otra vez, la hemos cogido en un renuncio.

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