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Análisis

Open Arms y el naufragio moral de la Unión Europea

Pere Vilanova

El objetivo de la presión a las oenegés es transparente, despejar el mar de testigos incómodos

Afortunadamente, algunos miembros de la Administración de Justicia italiana han recuperado el sentido común y algunos principios fundamentales del derecho, cuando está en juego algo tan simple como el derecho internacional humanitario. La confiscación cautelar del barco bajo acusaciones barrocas no tenía ninguna justificación, acusar a Proactiva Open Arms y a algunos de sus miembros de traficar con seres humanos era un insulto a la inteligencia de cualquier ser humano. El objetivo de tal acción, como la que se está llevando a la práctica estos días en Grecia contra tres bomberos sevillanos acusados de lo mismo, es transparente, despejar el mar de testigos incómodos. Sobre todo que nadie vea que el trabajo sucio lo van a hacer las autoridades (sic) marítimas libias, país donde la CNN mostró imágenes de subastas de refugiados a tanto la pieza. Dichas “autoridades”, se les dijo a Open Arms, iban a “coordinar las operaciones de rescate” a partir de ahora, con lanchas armadas donadas por… Italia.

Pero Italia lleva su parte de razón, la Unión Europea no ha movido ni medio dedo para aliviar o repartir el flujo de refugiados que siguen llegando, ahora a dicho país, desde que hace unos dos años el acuerdo con Turquía consiguió frenar el flujo hacia Grecia. ¿Vamos a repartir estos flujos, una vez llegan a suelo comunitario? Se puede tomar como criterio el volumen de habitantes, no es lo mismo que lleguen 1.000 a Alemania (que ya aceptó algo más de un millón), con sus 85 millones de habitantes, que si llegan 500 a Luxemburgo o a Bélgica. Pero lo que no es correcto es que todos, gobiernos y opiniones públicas, miremos hacia otro lado. Que el tema contamine casi en su totalidad las campañas electorales nacionales, como pasa o ha pasado en Italia, Hungría, Polonia, Francia y un largo etcétera.

¿10 años de cárcel?

Y son los gobiernos los que han de explicar a sus ciudadanos que donde veo un barco lleno de gente excelente, altruista, dedicada al penoso trabajo de salvar a personas abandonadas en el mar, no puedo decir que veo el brazo marítimo de las mafias, organizaciones y traficantes reales, y que como tales integrantes de redes criminales van a ir a la cárcel (con penas, según se decía, de… ¡10 años de cárcel!). Esto sería, cada vez más, como acusar a Médicos Sin Fronteras o Médicos del Mundo de actuar o haber actuado en Darfur, la República del Congo, Siria o Afganistán sin estar debidamente colegiados en los colegios de médicos de dichos países, y sin haber traducido y legalizado sus títulos profesionales debidamente.  La Unión Europea está dilapidando cada día más sus propias reglas morales.

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