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Dos miradas

Cebolla envasada, con la etiqueta del pasado 14 de febrero.

Cebolla y plástico

Josep Maria Fonalleras

Se pone en marcha una campaña que quiere que frutas y verduras estén desnudas, sin el innecesario envoltorio que nos las presenta como una pieza singular

Hay, al menos, tres maneras diferentes de comprar frutas y verduras. En la parada de toda la vida, allí donde eliges las cebollas y las patatas y las manzanas, y miras que no haya ninguna maculada o grillada. En la parada de toda la vida que se ha modernizado (o eso dicen): te eligen las cebollas, las patatas y las manzanas, no sea que tú las ensucies o las maltrates. Y en el súper, donde todo lo que he dicho antes está envuelto en un plástico que tapa una bandeja de celofán donde hay frutas y verduras. Sobre todo aquella cebolla solitaria que se hizo famosa hace unos meses y que valía 40 céntimos, toda ella recubierta de un plástico empotrado en la cebolla, adherido íntimamente a la liliácea.

Vemos casos como este cada día, y ahora se pone en marcha una campaña que quiere que frutas y verduras estén desnudas, sin el innecesario envoltorio que nos las presenta como una pieza singular y no como la parte de un conjunto, la masa de cebollas que se amontonan en la caja de las cebollas. No es una campaña terrorista ni atenta contra las estructuras de Estado.

Solo pide que la gente cuelgue fotos de esta tontería de las cebollas hiperprotegidas. Y de todo el resto de frutas y verduras plastificadas, para tomar conciencia del disparate. Mi teoría es que las plastifican en beneficio de la asepsia y para que nadie compre una cebolla que ha palpado otro. Y para poder etiquetar la cebolla como cebolla, en el envase, no fuera a ser que un día lo olvidáramos.

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