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DOS MIRADAS

Agarrarse a un pasado de ignominia para no afrontar el futuro solo perpetúa la parálisis

Huérfano de líderes, cercado judicialmente e incapaz de llegar a un acuerdo de gobierno, el independentismo trata de mantener la hegemonía del discurso. Con el suelo tambaleándose a sus pies, resulta imposible ofrecer algo sólido y solo queda el gaseoso mundo de las emociones: la difamación del adversario. Los que antes se autodenominaron defensores de la democracia ahora se erigen en libertadores del franquismo. 

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El franquismo fue una dictadura. Lo que ahora sufrimos es una democracia en plena involución autoritaria, no ajena a lo que ocurre en el resto de Europa. ¿Una regresión preocupante? Mucho. Por ello no admite la banalización. Roger Torrent utilizó un homenaje a los represaliados por el franquismo para vincularlo al procés. Los partidos que no se prestaron a la burda manipulación fueron atacados por los agitadores habituales: quien no acude a un acto contra el franquismo es porque lo defiende. 

Acusaciones

¿Es creíble acusar a los socialistas, perseguidos en la dictadura e impulsores de la memoria histórica, de cómplices del franquismo? ¿Son fascistas los más de un millón de ciudadanos que votaron a Arrimadas? Quien así lo cree no entiende la realidad. ¿Revisamos los alcaldes franquistas que rescató CiU?

Desde la cárcel, Junqueras ha sido diáfano: "Déjense de gesticulaciones" y apuesten por un "proyecto inclusivo e integrador". Agarrarse a un pasado de ignominia para no afrontar el futuro solo perpetúa la parálisis.

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