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Messi y Parejo, en el Barça-Valencia de este sábado.

Un presente lleno de suspense

Jordi Puntí

Este año los culés han vuelto a sufrir en los últimos minutos

Un filósofo se puso a pensar sobre el fútbol, y no me refiero a Guardiola visto por Ibrahimovic. Les hablo de un filósofo de verdad, Simon Critchley, y el resultado es el libro 'En qué pensamos cuando pensamos en fútbol' (editorial Sexto Piso). Es importante añadir que, antes incluso que filósofo, o como mínimo en un plano paralelo, Critchley es seguidor del Liverpool, de los de no perderse ningún partido, y es probable que ahora mismo espere exultante las semifinales de Champions contra la Roma, y al mismo tiempo se estruje el cerebro para entender -física y metafísicamente- lo que hicieron los italianos el pasado martes para deshacerse del Barça con esa facilidad. O más bien lo que no hizo el Barça, lo que deshizo para que no valiera el 4-1 de la ida. De estos errores y aciertos por donde se cuela el destino habla también el libro de Simon Critchley, que nos deja un montón de frases e ideas provocadoras. Por ejemplo esta: "Con el fútbol se despliega una dimensión especial de la experiencia temporal", que traducido significa que cuando estás viendo un partido el tiempo transcurre a otro ritmo. 

"Nos encerramos por completo en un presente marcado por el suspense", escribe Critchley, y yo pienso que alguien debería contarle lo que ha significado históricamente para el Barça el tiempo futbolístico. Esa tendencia al sufrimiento en futuro -patirem!- creo que es algo único. En el fútbol todos los aficionados sufren, porque efectivamente el paso del tiempo es particular y nadie quiere perder, pero es que en el Barça sufrimos por el miedo a la posibilidad de sufrir. Un ejemplo práctico: ganamos 2-0 y el socio espera que marquen el 3-0 para no tener que sufrir, porque un 2-1 entrada la segunda parte -pongamos como el de este sábado contra el Valencia- deja de ser una victoria clara y se convierte en una oportunidad para sufrir.

Normalizar el paso del tiempo

Cuando uno echa la vista atrás, se da cuenta de que uno de los grandes logros del FC Barcelona de la última década es que ha normalizado el paso del tiempo, dominando ese presente marcado por el suspense, según Critchley. En realidad, podría argumentarse que el equipo jugaba con un fútbol control que limitaba las sorpresas, pero al mismo tiempo contaba -y cuenta- con el propio antídoto: las jugadas de Messi a menudo cortan el ritmo, cuestionan la lógica del cronómetro, trazan agujeros temporales que harían feliz a Einstein.

El equipo que Valverde ha construido este año se relaciona de forma diferente con el tiempo, y este es un cambio difícil de entender. Sí, es cierto que con el partido de este sábado el equipo bate el récord de partidos sin perder en la liga -39, toda una proeza-, pero también lo es que este año hemos vuelto a 'patir' en los últimos minutos, más que nada por una naciente desconfianza. Y quizá la noticia del partido de ayer no sea que el Barça volvió a ganar después del desastre de Roma, sino que cuando Parejo marcó de penalti para el Valencia, nadie en el Barça se puso nervioso, ni la afición, y esos tres minutos más el añadido duraron exactamente eso, tres minutos y pico, y no una eternidad.

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