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La guerra que viene no ha empezado hoy

Antonio Baquero

De entre todos los chistes de dentistas, hay uno aplicable a la política internacional. Seguro que se acuerda, es aquel en que, antes de la extracción de una muela, el paciente agarra al odontólogo por sus partes nobles y le dice: “¿Verdad que no nos haremos daño?”

Pues algo así ha ocurrido con el ataque en SiriaEEUU y sus aliados estaban obligados a atacar a Asad. Se habían comprometido a no dejar pasar un ataque con armas químicas. Había que cubrir el expediente ante sus opiniones públicas. Pero había que hacerlo sin desencadenar una escalada bélica con Rusia. Había que evitar incluso molestar a los iranís.

Por eso, el ataque se ha concentrado en tres instalaciones totalmente vacías y muy alejadas de las bases donde rusos e iranís tienen hombres y material. Y teniendo en cuenta que Asad, después de que Trump le amenazara con antelación, ya había vaciado las bases, no había demasiadas expectativas. 

Los daños han sido leves. Tres heridos y ningún muerto. Gesticulación obvia de unos –“ataque apropiado y proporcionado”- y de otros –“favor a los terroristas” y “violación de la ley internacional”-. Pero poco más. O sea, un gran paripé.

Bajo precio

Se ha evitado la escalada. Por ahora. Pero tampoco habrá solución. No ya para Siria. El ataque ni siquiera garantiza que no se vuelvan a usar las armas químicas. Si tres instalaciones destruidas –una de las cuales ya no funcionaba porque la habían inutilizado los israelís- son el precio que ha de pagar Asad por masacrar con gas a sus civiles, es muy posible que no dude en volver a emplearlas.

Pero no se hagan ilusiones. La guerra que viene no empezó ayer. Pero llegará. En meses. O en unos pocos años. Los contendientes solo ganan tiempo para tomar posiciones. Irán, campeón chií, avanza imparable en Oriente Próximo a caballo de Irak, Siria y Líbano. Y Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí quieren frenarle, aunque aún no sepan cómo.
 

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