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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Duche su cerebro

LEONARD BEARD

Duche su cerebro

Juan Carlos Ortega

Si usted coincide con eso que pomposamente se llama «línea editorial» de este diario, le ruego que deje de leerlo en cuanto termine este artículo. Si, por el contrario, sus ideas políticas son radicalmente distintas a lo que suele encontrar en este medio, le aconsejo que, al finalizar este escrito mío, empiece a leer el diario al completo, de arriba abajo, sin saltarse nada.

Lo mismo puede hacer con la cadena de televisión con la que se siente plenamente identificado. Deje de verla durante una semana y sintonice aquella otra que siempre le ha dado una rabia tremenda. Pase de La Sexta a TVE o de TVE a La Sexta, dependiendo de como sea usted. Con su emisora de radio favorita puede realizar el mismo inquietante experimento. Si es usted, por ejemplo, una persona «muy de la  SER», pruebe a escuchar durante siete días la cadena COPE. Obviamente, haga el viaje inverso si su modo de percibir la realidad coincide con los locutores y tertulianos de la radio de la Conferencia Episcopal.

Luego pruebe lo mismo, durante esa semana experimental, con sus amigos. Deje de charlar con aquellos cuyos puntos de vista son idénticos a los suyos. Por el contrario, vaya a cenar con los que tienen una visión de la realidad alejadísima a la que tiene usted. La amistad no hace falta que sea presencial, porque algo similar puede llevar a cabo con sus contactos de Facebook. Desbloquee (solo durante una semana) a los que en su momento no soportaba por sus comentarios.

Sé que les estoy pidiendo algo muy raro, pero creo que tras esa semana, usted recibirá algo similar a una ducha cerebral. Podríamos hacerlo una vez al año, bautizando esa semana con un nombre pegadizo. Yo propongo «la semana de la ducha cerebral», porque creo que algo similar a eso recibiría su confiado órgano pensante.

Tal vez no cambiaría de opinión; eso sería mucho pedir, pero al menos escucharía, leería y vería opiniones con las que no suele toparse a diario.

Me imagino a los oyentes de la COPE escuchando a Pepa Bueno y Toni Garrido por las mañanas. El primer día no podrían  soportarlo, pero tal vez al quinto empezarían a relativizar algunos de sus aferrados puntos de vista. Y lo mismo les pasaría a los fieles oyentes de la SER al oír durante varios días a Carlos Herrera. Tras unas convulsiones, mareos e indicios de vómito, tal vez empezarían a pensar que ese tipo no es tan lamentable como siempre habían imaginado.

No lo hagan siempre, no es necesario. Solo durante una semana. Siete días al año de ducha cerebral. Sería una especie de Navidad ideológica que a todos nos iría muy bien. 

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