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MIRADOR

Manuel de Pedrolo

Retornos a destiempo

Jordi Puntí

Entro en una librería y, aunque lo sepa de cada año, me sorprende la avalancha de novedades de Sant Jordi. Los libreros juegan al tetris con los libros para ubicarlos en el espacio que tienen en las mesas, y así los autores desconocidos conviven con los que llevan el aval de un premio, las traducciones de clásicos con las de los nombres actuales que hay que conocer o, si no, no eres nadie. En medio de este exceso, me fijo en que asoman la cabeza tres narradores que llevan años ausentes: Maria Aurèlia CapmanyTerenci Moix y Manuel de Pedrolo. Su sabor de años ochenta, de otra época, debe convivir con la dispersión de pequeñas editoriales de hoy en día, y sobresalen con una osadía algo anacrónica.

Diversas razones justifican la reedición de obras de Pedrolo, Capmany o Moix, pero me pregunto si las prisas y turbulencias del Sant Jordi son el mejor momento

Esta sensación se acentúa porque se ha reeditado más de un título y los encuentras repartidos por la librería. En el caso de Pedrolo, cuento hasta ocho obras diferentes: las hay de todos los géneros, desde Crucifeminació (Orciny) o A l’ombra del crim (Labutxaca) a La terra prohibida (Comanegra). Aparte del recuerdo de sus aniversarios a través del Any Pedrolo y el Any Capmany, es fácil entrever en los tres un sentido de la oportunidad. Pedrolo puede interesar por la situación política, por su firme defensa de una Catalunya independiente. Maria Aurèlia Capmany se puede leer desde la lucha por la igualdad de las mujeres, con novelas como Quim / Quima (Males Herbes) o Feliçment, jo sóc una dona (Barcanova). Terenci Moix, con títulos como El día en que murió Marilyn (Planeta) y Tots els contes (Labutxaca), también apela a la lectura de género, como un precursor en la transgresión y el universo queer.

Es un regreso, pues, que se justifica sobre todo por cuestiones extraliterarias, y es evidente que hay una generación de lectores que, 30 años después, los van a leer como novedad, pero me pregunto si las prisas y turbulencias del Sant Jordi son el mejor momento. Si no es un contrasentido que salgan ahora, cuando la atención que reclaman se perderá en el ruido ensordecedor, y a su vez estorbarán a los autores de hoy que apenas despuntan. Parece un mal cálculo de sus editores, un despilfarro. O quién sabe, quizás es una venganza que viene desde el más allá.

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