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ANÁLISIS

Del "vamos bien" al "'anem bé'"

Xavier Bru de Sala

Al Estado le está saliendo la disuasión por la culata. La idea de que una represión implacable arrinconaría al independentismo topa con muy serias dificultades. La estrategia sustitutoria del diálogo consiste en descabezar por arriba con el encarcelamiento de los "cabecillas" e intimidar por bajo con la equiparación de protesta a terrorismo. Por ahora el resultado es que Carles Puigdemont, la pieza mayor de esta cacería, ha recuperado el liderazgo. De sacrificado necesario según ERC y el PDECat ha pasado a líder insustituible que vuelve a disponer de la agenda política catalana y condiciona la española.

Convertir el texto de la ley en pretexto no es precisamente la mejor manera de conseguir un objetivo político. En Occidente, las voluntades democráticas se encauzan, no se eliminan. A pesar de los reveses europeos, el consenso en Madrid es monolítico: "vamos bien." El propósito es aumentar la represión hasta una supuesta y próxima victoria final.

Hay que ser muy poco inteligente para no darse cuenta de que la represión injustificada e indiscriminada es el único combustible capaz de llenar los depósitos de la energía independentista. La victoria ajustada del 21-D los dejó no a cero pero sí con la luz roja de la reserva encendida. Dudas, división, descalificaciones entre los que querían parar y los dispuestos a continuar aunque tuvieran que empujar a fuerza de brazos. Resultado: el vehículo averiado se ha transformado en locomotora. "'Gràcies per les hòsties, Espanya. Anem bé'. "

El domingo comprobaremos hasta qué punto aquella resistencia agónica del independentismo irreducible se transforma en clamor multitudinario por la libertad. Gran parte del trabajo divisorio del unionismo, que llegó a finales de año a un grado muy notable de efectividad, se cuela por las cloacas cuando se trata, no de rechazar la independencia de Cataluña, sino de aplaudir esta España. La represión vuelve a coser la sociedad catalana alrededor de una idea compartida de la justicia y la convivencia. Si las acusaciones de rebelión no colaban, las de terrorismo repugnan.

Por mucho que Miquel Iceta, Ada Colau, los sindicatos mayoritarios y toda la izquierda de obediencia centralista se resistan, la causa de la libertad, la decencia democrática y el derecho a decidir presenta una irresistible capacidad de tracción social. Si la lidera el independentismo es porque le han dejado solo. Si el único beneficiario es el independentismo es porque nadie más hace nada para beneficiarse. Si Puigdemont se vuelve a poner la piel de oveja de la negociación es porque estaba abandonada entre los escombros de las terceras vías.

Para ver hasta qué punto el "vamos bien" da estúpidamente alas al "'anem bé'", basta imaginar un escenario en el que los jueces hubieran atendido la petición de la fiscalía de liberar a Joaquim Forn, hubieran concedido libertades con fianza a los otros presos, la euroorden continuara paralizada y no se acusara a los CDR de terrorismo. Tendríamos Govern, presupuestos generales aprobados, Puigdemont perdido en la estratosfera y los lazos amarillos deshilachados.

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