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Un foco de conflicto en Asia

Kim Jong-un, de paria a actor principal

MONRA

Kim Jong-un, de paria a actor principal

Georgina Higueras

La astucia del dictador de Corea del Norte le ha llevado a ser capaz de negociar un acuerdo de paz con Estados Unidos y la desnuclearización de la península

La astucia de Kim Jong-un ha dejado atónita a la comunidad internacional. En cuestión de semanas ha pasado de ser el “hombre pequeño cohete” con que le calificaba despectivamente Donald Trump, al líder recibido con alfombra roja por Xi Jinping y capaz de conseguir la firma de un acuerdo de paz con Estados Unidos, pendiente desde el final de la guerra en 1953, y la desnuclearización de la península coreana.

“Creo que va a ser algo muy emocionante para el mundo”, declaró el lunes Trump al referirse a su próxima reunión con Kim. La CNN reveló el sábado que funcionarios estadounidenses y norcoreanos se han estando reuniendo estos días en secreto para preparar la cumbre que podría celebrarse a primeros de junio, más que a finales de mayo como se dijo en un primer momento. Aún está por decidir el lugar, si en la eufemísticamente llamada “zona desmilitarizada” entre las dos Coreas o un tercer país, con Mongolia y Suecia entre los que se barajan.

Negociar el desarme nuclear

Distintos medios estadounidenses han indicado que durante esas reuniones preparatorias, Piongyang ha confirmado su disponibilidad a negociar el desarme nuclear en toda la península coreana, mientras que EEUU solo se refiere al norte del paralelo 38. Según la cadena de televisión surcoreana Arirang, en la visita realizada a Pekín a finales de marzo Kim Jong-un dijo a Xi Jinping, que está interesado en la desnuclearización siempre que sea “un proceso progresivo y sincronizado”, lo que fue aplaudido por China.

Un acuerdo
sobre una "desnuclearización
gradual" es lo máximo que se puede esperar de la cumbre

Tanto el profesor Andrei Lankov, de la universidad Kookmin de Seúl, en un artículo publicado en 'The Washington Post', como fuentes de los servicios secretos surcoreanos citadas por los medios del país, creen que un acuerdo sobre una “desnuclearización gradual” es lo máximo que se puede esperar de la cumbre Kim-Trump. Los equipos de uno y otro tendrán que empeñarse en los meses y años siguientes en conseguir que el acuerdo no descarrile, como sucedió con el conseguido en el 2005 en las negociaciones a seis bandas –China, EEUU, Japón, Rusia y las dos Coreas--, cuando los norcoreanos se sintieron estafados por el incumplimiento de la Administración Bush, después de que ellos destruyeran la torre de refrigeración de su entonces única central nuclear. Abandonaron la mesa de negociación y volvieron con más ímpetu que nunca a empeñarse en la carrera armamentista atómica.  

Desde que ascendió al poder tras el súbito fallecimiento de su padre -Kim Jong-il-en 2011, el líder norcoreano, que no tenía ninguna experiencia de gobierno, centró su estrategia en el hostigamiento a Estados Unidos, a través de ensayos tanto atómicos como de misiles de corto, medio y largo alcance. Esta arriesgada política, que se aceleró considerablemente con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, colocó al país en el vértice de un ataque preventivo norteamericano, frenado en seco con la oferta de una reunión Kim-Trump.

Para un régimen que ha hecho de las armas nucleares su clave de supervivencia y que hasta hace muy poco rechazaba cualquier negociación al respecto, la voluntad de abrir “un proceso progresivo y sincronizado” es un importante logro de la Administración Trump, pero esto no significa que Piongyang vaya a destruir su arsenal en un futuro cercano. Las garantías que exige Kim Jong-un para ello pasan por la retirada de Corea del Sur de los 28.500 militares norteamericanos allí desplegados y el abandono por Seúl del paraguas nuclear del Pentágono.

La posición del homólogo del sur

Kim Jong-un se reunirá el próximo día 27, con su homólogo del sur, Moon Jae-in, un firme defensor del diálogo intercoreano y de la resolución pacífica del enfrentamiento entre Washington y Piongyang. El primer paso para frenar un ataque preventivo de EEUU contra el régimen norcoreano lo dio Moon en noviembre pasado, cuando antes de recibir a un belicoso Donald Trump se comprometió con China a no instalar más baterías del escudo antimisiles conocido como THAAD e impulsar la paz en la península.

Corea del Norte, cada día más agobiada por las sanciones económicas impuestas por la ONU y avaladas por China –su principal socio económico y del que depende el 90% de su comercio—pareció comprender que se encontraba ante la última oportunidad de escapar a una desastrosa guerra y, a partir de entonces, inició un deshielo que se hizo público en los Juegos Olímpicos de Invierno, cuando Kim Jong-un envió, además de una delegación deportiva, a su hermana y otros altos funcionarios del régimen.

Trump, sobre quien comienza a pender la sombra del ‘impeachement’, también ha encontrado en la solución de la crisis nuclear norcoreana un camino para que sus compatriotas le dejen seguir en la Casa Blanca. Como dos pistoleros del Lejano Oeste, ambos saben que las posibilidades de salir ileso a un enfrentamiento directo son ínfimas y han optado por guardar los revólveres. El uno teme la muerte; el otro necesita un éxito diplomático para acallar a sus enemigos políticos.