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El 'no' al tranvía

Barcelona, en línea con el mundo

LEONARD BEARD

Barcelona, en línea con el mundo

Pere Macias

Frenando el proyecto alguien piensa -inocente y erróneamente- contribuir a suspender a la alcaldesa Colau y quizá lo que hace es suspenderse a sí mismo

El objetivo común de las políticas urbanas de la etapa democrática ha sido la recuperación del espacio público: no tratarlo como un elemento residual sino todo lo contrario, revertir la situación la Meridiana perdiendo cuatro de sus doce carriles y ganando aceras y pasos de peatones; convertir el Portal del Ángel, a pesar de la encarnizada oposición de algunos comerciantes, en espacio libre de tráfico; desmontar el viaducto del Guinardó, para satisfacción de la vecindad y enojo de algunos medios informativos…

Más allá de las alternancias en el Ayuntamiento se ha mantenido esta política. Bajo la batuta de Xavier Trias calles tan emblemáticas como Balmes, la Ronda del Mig, el paseo de Gràcia y el de Sant Joan o la Diagonal, protagonizaron exitosas reformas con un doble resultado: ganar, en cantidad y calidad, espacio para las personas y contribuir al descenso del tráfico de los vehículos privados. Una política alineada con la de las principales ciudades europeas, que ha tenido continuidad en el mandato actual con nuevos elementos significativos.

Mejorar la seguridad viaria

En primer lugar, la intensificación del programa de implantación de carriles bici que pretende facilitar su uso y mejorar la seguridad viaria, tanto de ciclistas como de peatones. La segunda novedad es la recuperación de la oferta de transporte público que, a consecuencia de las medidas constrictivas del gasto municipal dictadas por el ministro Montoro, había experimentado un sensible retroceso en los últimos años. El fuerte incremento de la demanda del transporte público metropolitano exigía una inyección de oferta para conseguir prestar un mejor servicio a la ciudadanía y contribuir a desplazar usuarios hacia los modos sostenibles. Se ha hecho un gran esfuerzo para comprar más autobuses y para dotar con los recursos humanos necesarios a las operadoras.

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En este marco, la operación más potente por su extraordinaria eficiencia es la de la conexión tranviaria por la Diagonal. Además de captar 125.000 usuarios por día, permite liberar un significativo número de autobuses para que TMB los pueda destinar a reforzar sus líneas. Todo ello sin necesidad de nuevos recursos públicos. Más allá de su aportación al sistema de transporte público en superficie, la conexión de los tranvías entre las plazas de Francesc Macià y Glòries constituye una radical transformación de uno de los espacios urbanos más icónicos de Barcelona, la avenida Diagonal.

Ganar espacio público para las personas es una política alineada con las grandes
urbes europeas
 

Habría un antes y un después de esta actuación. Todo el mundo es consciente de ello. A pesar del apoyo de entidades vecinales barcelonesas y de los ayuntamientos metropolitanos, la operación ha chocado con una doble negativa por parte de los grupos municipales. De los que siempre se han opuesto. Pero también por parte de los que, habiéndose comprometido a ejecutar el tranvía en su programa electoral, sorprendentemente no están dispuestos a facilitar el inicio de la actuación en este mandato. ¿Difícil de entender, verdad?

Jordi Borja lo ha escrito: para los gobiernos locales el espacio público es el examen que tienen que aprobar para ser considerados como “constructores de ciudad”. Es evidente que, frenando el proyecto de la Diagonal alguien piensa- inocente y erróneamente- contribuir a suspender a la alcaldesa Colau y quizá lo que hace es suspenderse a si mismo.