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LA CLAVE

Terribles noticias

Albert Sáez

España tiene los salarios más bajos de Europa y la mayor amenaza de entrada de robots

Dos datos procedentes de la Unión Europea (UE) y de  la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) deberían poner los pelos de punta a los partidos políticos y a los agentes sociales españoles. El coste medio de una hora de trabajo en España es un 30% menos que la media de los países europeos. Y el reverso de la moneda: los robots amenazan uno de cada cinco puestos de trabajo españoles. Hace dos años peligraban por este motivo el 12%, ocho puntos menos. Sabíamos y sabemos que el mercado laboral en España sufre serios desajustes, en algunos aspectos muy distintos y mucho más graves que en el conjunto de la UE y de las economías desarrolladas: tasas más altas de paro tanto en los ciclos de crecimiento como en los de recesión; más precariedad y temporalidad; menos movilidad y flexibilidad; y ahora sabemos también que menos productividad. ¿Cuáles son las razones de este desajuste laboral en España?

La tentación fácil es atribuirlo todo al perverso sistema capitalista. Pero lo cierto es que tan capitalista puede ser la economía española como la alemana, la británica o la norteamericana. Será, pues, el capitalismo una condición necesaria pero no suficiente. Un segundo elemento estructural a considerar es la legislación laboral. Dicen los sindicatos, y con razón, que las dos últimas reformas laborales han liberalizado el mercado del trabajo en España. Pero la realidad es que solo lo han hecho en una parte de su perímetro: los trabajadores más jóvenes no tienen manera de acceder en muchos sectores a un contrato fijo mientras que los más mayores conservan intactos sus derechos. No se trata de sembrar la discordia entre la clase trabajadora pero sí de decir que las estadísticas en este punto engañan mucho. Para que la media de los salarios en España sea un 30% inferior a la media de la UE se necesita que en algunos sectores y en algunas categorías lo sea un 60% porque en otros están prácticamente equiparados. Un tercer factor es la cultura empresarial y aquí, ciertamente, fallan al menos tres cosas: las empresas españolas generan poco valor añadido, por lo que el retorno de las inversiones se basa más en los bajos costes que en los beneficios sustentados en la cuota de mercado, el precio y la productividad; las empresas españolas, y ello es consecuencia de lo anterior, necesitan poco personal cualificado, precisamente porque se mueven en sectores con poca tecnología y mucha fuerza de trabajo intensiva (turismo y construcción, por ejemplo) lo que hace que no tengan incentivos para retener el talento y lo retribuyan cada vez de manera más desigual; finalmente, estamos en un país en el que las rentas pasivas acumulan una parte muy importante del patrimonio, con lo cual obtienen rentabilidades iguales o superiores en actividades que no necesitan empleo, como el alquiler inmobiliario. Es este bajo valor añadido de las empresas el que abre la puerta a los robots, más que en países donde los sectores punteros son los vinculados al diseño o a la tecnología. Un panorama desolador que debería ser motivo de emergencia nacional: en Davos ya se habla de una renta básica universal.

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