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ANÁLISIS

Víctimas del ataque químico en Duma.

Bashar, el químico

Ignacio Álvarez Ossorio

La inacción de la comunidad internacional ha sido interpretada como un cheque en blanco por el régimen sirio

No es la primera vez, ni probablemente será la última, que el régimen sirio recurre a las armas químicas para golpear los bastiones rebeldes. De hecho, en los siete años que dura ya la guerra se han documentado dos centenares de ataques con armas de destrucción masiva. Dado que en el pasado estos crímenes han quedado impunes es poco probable que los responsables del reciente bombardeo con gas sarín contra Duma, que al menos ha provocado la muerte de medio centenar de personas, lleguen a ser juzgados por un tribunal internacional.

El ataque químico contra Duma se enmarca en la ofensiva lanzada por el régimen y sus aliados contra Guta para tratar de expulsar a las diversas facciones islamistas que controlan, desde el 2011, esta fértil zona situada al este de Damasco. La estrategia de la tierra quemada (bombardeos sin descanso y bloqueo de la ayuda humanitaria) ha surtido su efecto, porque los grupos rebeldes se han visto forzados a negociar su evacuación, eufemismo para encubrir su expulsión forzosa, tras la muerte de más de 1.500 civiles durante el último mes.

Aunque el presidente Trump haya advertido que las autoridades sirias tendrán que “pagar un elevado precio” por su acción y el Consejo de Seguridad haya convocado una reunión de urgencia para analizar la situación, todo parece indicar que este crimen contra la humanidad quedará, al igual que los anteriores, impune. Debe recordarse que el 21 de agosto del 2013, el Ejército regular sirio gaseó a la población de Guta provocando, en una sola noche, 1.500 muertes, la mayor parte de ellos mujeres y niños. Aunque Barack Obama había advertido que el empleo de armas de destrucción masiva contra la población civil era una línea roja que desencadenaría una intervención militar norteamericana contra el régimen de Bashar al Asad, lo cierto es que se contentó con un acuerdo de mínimos para la destrucción del arsenal químico sirio, compromiso que, a juzgar por la masacre de Duma, no llegó a cumplirse.

Con el tiempo a favor

¿Qué puede ocurrir a partir de ahora? Nada cabe esperar del Consejo de Seguridad, ya que Rusia y China ejercerán su derecho al veto para torpedear cualquier eventual acción contra Bashar al Asad. Ante esta situación, Estados Unidos podría optar por una respuesta unilateral como la que dio el 7 de abril del 2017 atacando la base aérea de Shayrat, una operación aislada que no llegó a modificar el equilibrio de fuerzas en el conflicto sirio.

Parece evidente que la inacción de la comunidad internacional ha sido interpretada como un cheque en blanco por el régimen sirio, que no ha dudado en recurrir a las armas químicas para golpear Duma con el objeto de acelerar el final de la guerra. Bashar Al Asad es consciente de que el tiempo corre a su favor, sobre todo porque Rusia e Irán han dado sobradas muestras de que no le abandonarán a su suerte y porque Estados Unidos no ha dejado de dar bandazos en su política exterior desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

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