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Comunicación y nuevas tecnologías

Varios tipos de emoticonos.

De los emoticonos a los avatares inmersivos

Carmina Crusafon

La evolución del lenguaje digital tiene como rasgo dominante un creciente protagonismo de las emociones y los sentimientos

El uso de los teléfonos móviles ha influido de forma definitiva en nuestra manera de comunicarnos. El lenguaje ha incorporado nuevos elementos más allá del uso del abecedario y de los signos de puntuación. Los emoticonos, los 'gifs', los 'emojis' y los avatares son ahora parte de nuestra comunicación. Se pueden identificar cinco etapas en su evolución. Veamos cuáles son sus diferencias y qué han aportado a nuestras conversaciones.

Primero llegaron los emoticonos. Se trata de una visualización tipográfica de una representación facial. Se conocen como los iconos de las emociones. Seguramente los han utilizado en alguno de sus mensajes electrónicos. Por ejemplo, ;-) o bien  :-0. Se atribuye al científico informático Scott Fahlman su primer uso en septiembre de 1982 en la universidad Carnegie Mellon.

En una segunda etapa, se introducen los 'emojis' y los 'gifs'. Los primeros fueron inventados en 1990 por Shigetaka Kurita, gracias a un encargo de la operadora japonesa de telefonía NTT DoCoMo con el propósito de ser utilizados por sus clientes. El nombre es una contracción de las palabras japonesas 'e' (imagen) y 'moji' (grafía), que se traduce como pictografía. Los primeros eran muy simples y se inspiraron en el arte del manga y en los caracteres 'kanji'. Ahora, están disponibles en la mayoría de las aplicaciones de mensajería instantánea, y ofrecen estilos diversos que se puede traducir en los distintos sistemas operativos gracias al Unicode. Los 'gifs' responden a imágenes animadas que se repiten en periodos muy cortos de tiempo, normalmente entre 5 y 10 segundos. Su objetivo: potenciar la emoción del mensaje. Su uso se ha generalizado tanto para la comunicación personal como comercial.

Instagram y Twitter

Posteriormente, la llegada de las redes sociales, especialmente de Twitter y de Instagram, incorpora nuevos elementos comunicativos. Con ellas se generaliza el uso de las pegatinas digitales personalizadas (conocidas también como 'stickers') y de los primeros avatares para la comunicación móvil. En el caso de los últimos, su uso se ha popularizado primero con los videojuegos y ahora con los teléfonos inteligentes o 'smartphones'. Consisten en crear un personaje definido a partir de los rasgos escogidos por el usuario. Con ellos se incrementan el uso de imágenes en las comunicaciones personales en detrimento del texto.

La cuarta etapa se sitúa con la llegada de los filtros y lentes para selfis, popularizados por la red social Snapchat. La mejora de las características de las cámaras de los teléfonos móviles junto con la necesidad de incorporar mayor entretenimiento a las fotografías les ha hecho elementos esenciales para muchos de los usuarios, especialmente para los más jóvenes. Además, han incorporado la tematización y su vinculación con fechas señaladas en el calendario.

Los últimos en llegar han sido los avatares inmersivos, también conocidos también como 'animoji'. Se han popularizado como una de las novedades que han traído los últimos dispositivos de Apple (IphoneX) y de Samsung (S9). Se trata de la incorporación de la realidad aumentada a la comunicación más personal gracias al sistema de reconocimiento facial. Se crea personaje a partir de la cara y los movimientos del usuario del móvil. Además, se incorpora también sonido, especialmente música o sonidos identificativos con alguna emoción. Algunos ya denominan a esta posibilidad la función karaoke.  

¿Dónde surgen los inconvenientes?

Esta nueva manera de comunicar plantea un conjunto de cuestiones de fondo. La primera es si la primacía del lenguaje visual sobre el textual mejora o deteriora nuestra capacidad comunicativa. Este crecimiento de los iconos y de las imágenes no es siempre recibido de forma positiva y algunos observan cierto retroceso en la evolución del lenguaje. Además, las imágenes tienen lecturas diferentes, multiplicando interpretaciones y a su vez, confusiones o malentendidos.

La rapidez e inmediatez de la comunicación gracias a la tecnología móvil facilita las conversaciones; pero incorpora una esencia muy efímera y complica el derecho a rectificar. Muchas veces tiene una alta penalización, sobre todo si nos dejamos llevamos más por la emoción que por la razón. Múltiples son los ejemplos en WhatsApp o en las redes sociales.

La tecnología digital ha contribuido con nuevos elementos en nuestras conversaciones. Lo que está todavía por determinar es si hemos enriquecido y mejorado nuestra comunicación o lo que hemos conseguido ha sido únicamente estar más conectados.