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Al contrataque

Los CDR cortan el tráfico en la N-340, en Alcanar, el pasado 27 de marzo, en protesta por la detención de Puigdemont.

ACN

Mi experiencia con los CDR

Jordi Évole

Me hubiese abrazado a alguno de aquellos muchachos y muchachas que habían provocado mi pequeño (e íntimo) acto revolucionario

El Domingo de Ramos estaba yo de 'calçotada' justo antes de empezar mis vacaciones. Con todo el coche ya cargado, a las 7 de la tarde emprendí el viaje por la AP-7. No llevaba ni una hora de camino cuando los vehículos se fueron parando lentamente: había pillado un corte organizado por los CDR. Estuve a punto de decirle a los manifestantes que venía de una 'calçotada', a ver si podía ser considerado atenuante. Pero preferí no hacerlo: algunos de ellos si me hubiesen identificado no habrían levantado el corte hasta el Viernes Santo.

Así que me armé de paciencia decidido a esperar lo que hiciese falta. Pero mientras el tránsito rodado permanecía completamente bloqueado, mi tránsito intestinal, con la salsa romesco a la cabeza, dijo aquí estoy yo. Sí amigos, tuve lo que vulgarmente se conoce como un apretón. Disculpen la escatología, pero fue así. ¿Qué podía hacer allí? No había ningún área de servicio a la vista, ni una triste área de descanso. Estaba rodeado de coches, por delante y por detrás. Y por un enorme tráiler al lado.

Llegó la noche, y con ella la oscuridad, y la mayoría de los coches apagaron las luces para no gastar batería. Era mi oportunidad. En situaciones de apuro se agudiza el ingenio. Así que abrí la puerta del copiloto y la del asiento de atrás, y parapetado por las puertas pude evacuar sin ser visto. Y sin darme cuenta, protagonicé uno de los actos más subversivos de mi vida: 'defe-car' (nunca mejor dicho… al ser entre coches) en una de las autopistas de peaje de Catalunya. Toda la vida cagándome metafóricamente en esas autopistas de peaje, y los CDR me habían dado la oportunidad de hacerlo literalmente. Fue un acto de protesta involuntario, forzado por las circunstancias, pero revolucionario al fin y al cabo, aunque la revuelta la marcara mi intestino.

Un diario salvador

No quiero dar detalles, pero había que limpiarse, algo que con las prisas no había previsto. A la desesperada, me busqué algún 'kleenex' en los bolsillos. No tuve éxito. Pero como Dios aprieta (díganmelo a mi) pero no ahoga, encontré a tientas el ejemplar de un diario en la guantera del coche. No daré detalles del rotativo para que nadie se ofenda (aunque ahora de ofendidos anda el mundo lleno). Solo una pista: era un medio cuya línea editorial no es independentista.

Creo que si los CDR me hubiesen descubierto en esa tesitura, me hubiesen hecho la ola. Limpiarse con ese diario debe convalidar la asignatura de 'Teoría y práctica de la crítica activa a los medios de comunicación no independentistas' que se imparte en primero de 'procés'.

El corte de la AP-7 se alargó durante más de cinco horas. Hasta me dio pena que los Mossos restableciesen el tráfico. Me hubiese abrazado a alguno de aquellos muchachos y muchachas de los CDR que habían provocado mi pequeño (e íntimo) acto revolucionario. Abandoné la autopista poco antes de llegar a La Jonquera. Y como catalán de bien que soy, aboné religiosamente con la tarjeta de la Caixa los más de 11 euros del peaje, cagándome –de nuevo metafóricamente- en todo. Absolutamente en todo.