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Análisis

Adivina quién viene a la convención

Antón Losada

La fiesta era para Rajoy pero acabó siendo de los muchos polizones que se colaron

Sevilla iba a ser una profesión de fe en el marianismo, con sus velas e incienso para el líder y el himno popular en la versión Feria de abril 'remix'. Pero ha acabado siendo una de esas fiestas sorpresa llena de invitados tan inesperados como incómodos, donde el anfitrión se pasa la velada dando excusas y pidiendo perdón mientras todo el mundo solo espera el momento de largarse de la manera más discreta posible. La fiesta era para Rajoy pero acabó siendo de los muchos polizones que se colaron.

Nadie se coló tan a lo grande como Cristina Cifuentes, la verdadera estrella de la muerte de la convención que iba a relanzar al Partido Popular y acabó lanzada de cabeza al Guadalquivir. La presidenta de los mil másteres podía haberse puesto enferma, como cuando le convenía a ella en Semana Santa. Ahorrarle a Mariano Rajoy el trago de tener que propinarle en público su famoso y mortal abrazo mariano: ni una mala palabra ni una buen acción mientras te va matando lentamente. Pero prefirió buscar la foto con Rajoy que hasta ahora siempre había evitado cuando había problemas en el PP.

No hay nada más incómodo en política que tener a tu lado a alguien que está muerto pero aún no lo sabe o no lo admite. No tienen más que mirar a las caras de cuantos no han podido evitar estar cerca de Cifuentes en Sevilla. Es muy curioso lo que pasa entre los populares. Todos tienen siempre algo que decir y todos le señalan cuando las cosas van mal para el partido, pero corren a hacerse la foto con Rajoy cuando las cosas les van mal a ellos; si no me creen, pregúntele a Núñez Feijóo.

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Con Cifuentes también se coló Ciudadanos en la fiesta de Rajoy. Su ultimátum  'límite 48 horas' le ha dado a Rajoy la oportunidad de demostrar una vez más que en el PP están con los suyos hasta el final, mientras acaban de forzarla para que dimita por el bien del partido. Aunque si en el PP están aguantado a Cifuentes para forzar a Ciudadanos a retratarse en una moción de censura con Podemos y luego poder acusarles de radicales, deberían pensar dos veces si realmente les conviene una guerra de desgaste donde al final pierden la batalla y la presidencia de la comunidad

 Pero ningún invitado tan incómodo como Carles Puigdemont, conectando en vivo y en directo desde Berlín. Rajoy y el PP habían montado su convención para contarnos lo bien que iba la recuperación gracias a la prudencia y estabilidad mariana, las buenas noticias que tenían para pensionistas o funcionarios y lo mal que iría todo si le dábamos el gobierno a los oportunistas de Ciudadanos, a los inestables del PSOE o a los radicales de Podemos. Pero  allí estaba otra vez el fugitivo, arruinándolo todo como en la película. Con la estrategia de forzar una salida política por la vía penal herida de muerte por la justicia alemana, al independentismo se le despeja el camino y a Moncloa se le complica ver levantado el 155 y aprobados los presupuestos. Y aún queda por pasar lo peor de las fiestas cuando salen mal: la resaca.

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