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Editorial

La inaplazable lucha contra la contaminación

Los niveles de polución que se producen en el área metropolitana de Barcelona exigen políticas decididas en favor de una movilidad más sostenible

Contaminación en Barcelona desde el hospital de Sant Joan de Deu, en julio del 2017.

Contaminación en Barcelona desde el hospital de Sant Joan de Deu, en julio del 2017. / DANNY CAMINAL

El enfermo se mantiene estable, lo que no es una noticia muy positiva. Esa es la conclusión de la evaluación del Departament de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat de la contaminación atmosférica a lo largo del 2017 en la conurbación de Barcelona. Tendencia a la estabilización es el titular del informe, a partir de los datos recogidos por la Xarxa de Vigilància i Previsió de la Contaminació Atmosfèrica, en un área que engloba a 36 municipios con más de tres millones de habitantes. Esa estabilización es un logro que se antoja precario porque a la contaminación se le atribuyen más de 3.000 muertes prematuras al año en el área metropolitana. La cifra es suficientemente alarmante como para plantear una constante batalla para reducirla.

Pasa esa lucha por una doble vía: la necesaria concienciación de la ciudadanía y por las medidas decididas de los gestores públicos. Entre ellas, es inevitable una limitación del tráfico, que los expertos estiman en un 30% para el área de Barcelona, en favor de una movilidad más sostenible. Esa reducción debería ir acompañada, obviamente, de alternativas como la mejora de la red de transporte público o el fomento de los vehículos 'verdes'. El problema reviste tal gravedad que el veto anunciado por el Ayuntamiento para las motos más contaminantes, como con los coches, en los días de episodios extremos es solo el preámbulo de lo que debería ser una política decidida como la de otras grandes urbes europeas.

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