Análisis

Atentos al escenario francés

De lo que ocurra con la agenda de reformas de Macron depende la configuración futura del mercado de trabajo en la Unión Europea

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Usuarios en los andenes de la Gare de Lyon, en París, durante la jornada de huelga.

Usuarios en los andenes de la Gare de Lyon, en París, durante la jornada de huelga. / AFP / CHRISTOPHE SIMON

“Francia vuelve a ser Francia”. La frase se vuelve a escuchar con motivo del denominado 'Mardi Noir' (Martes Negro), la jornada de huelga convocada principalmente por el sindicato CGT en la sociedad pública de ferrocarriles franceses, la SNCF. Sin embargo, no se trata de una huelga al uso, especialmente por lo que encierra para el futuro del mercado laboral europeo.

Hace cinco semanas, el primer ministro Édouard Philippe anunció una reforma profunda de las condiciones laborales de los trabajadores de los ferrocarriles franceses. Podemos situar tres elementos principales y dos conceptos de fondo en ese escenario.

En primer lugar, la Administración Macron escoge la reforma de la SNCF como punta de lanza de la amplia agenda de reformas económicas con la que ganó las últimas elecciones presidenciales y legislativas en Francia. Los ferrocarriles franceses van a constituir el crisol de éxito –o de fracaso– de las reformas estructurales en el país. Lo que lleva a suponer que esta huelga ya está descontada por el Gobierno como fase inevitable de avance en su programa de competitividad. Una elección no exenta de riesgo: aunque el ferroviario sea uno de los sectores menos liberalizados del país, un eventual freno en los cambios puede poner en tela de juicio y restar credibilidad al global de la agenda reformista.

Los sindicatos también se juegan mucho en este envite. Desde hoy hasta finales de junio la convocatoria de huelga cuenta con horarios y afectaciones muy preestablecidos. En el concepto que los franceses utilizan estos días de la 'grèveculture' (huelga-cultura), esta calendarización e intermitencia no resultan tan frecuentes. Si prima la voluntad de causar el menor impacto en los usuarios del transporte podría interpretarse que existe mayor apertura inicial al diálogo y la negociación.

Efecto de arrastre

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El tercer elemento a retener es si se producirá un efecto de arrastre de esta huelga a otros sectores de la economía en el punto de mira reformista. Lo que supone una clave relevante: el Gobierno deseará evitar un frente común contra las reformas; y los sindicatos podrán calibrar la fortaleza de su posición en la futura mesa de negociaciones. Por el momento, se han anunciado movilizaciones en Air France y hay movimientos sindicales preliminares en universidades, sector público, energía y gestión de residuos.

Dos conceptos se encuentran en el fondo de este debate reformista en Francia: el del alcance de la flexiseguridad en el mercado laboral, un difícil equilibrio entre cómo flexibilizar las condiciones laborales a la par que se garantiza la seguridad en el empleo de las personas. Y el de la privatización de las empresas y servicios públicos. Francia ha sido un referente mundial en los ámbitos de la seguridad laboral y del empleo público, por lo que toda Europa ha de estar atenta al impacto del desenlace de la agenda de reformas. En juego está la configuración futura del mercado de trabajo en la Unión Europea.