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Intangibles

Feria de vehículos eléctricos Expoelèctric, ayer, en el paseo de Lluís Companys de Barcelona.

ADRIANA DOMÍNGUEZ

Innovación en la distribución de proximidad, una necesidad urbana

Julián Arenas

Se trata de sumar en un ámbito en el que hasta ahora todo el mundo ha ido por su cuenta y de manera aislada

Cada vez que se plantea mejorar la movilidad en ciudades como Barcelona Madrid aparece el debate sobre cómo ordenar la distribución de último kilómetro, más conocido como última milla. No se trata de una ordenación caprichosa, sino de mejorar la movilidad, la eficiencia, el medio ambiente y la sostenibilidad, dado que las cifras que conocemos actualmente son alarmantes.

Aunque no existen datos exhaustivos del sector de la distribución en la última milla, sí que disponemos de algunas aproximaciones como, por ejemplo, del hecho que en Barcelona se realiza una media diaria de más 435.000 desplazamientos de vehículos de mercancías, de los que el 96% son diésel o que, según algunas pruebas realizadas, un 40% de esos servicios finaliza en fracaso en el primer intento porque el horario de distribución no se corresponde con el horario de disponibilidad del cliente.

Precisamente, hoy ya existen algunas evidencias que constatan que es posible superar esa realidad. Así, experiencias como la de Geever, permiten ser optimistas. Ha empezado a desarrollar en Barcelona un sistema de distribución de proximidad totalmente innovador y basado en crear microcentros de distribución que cubren áreas de 750 metros de radio de influencia y que se ubican en aparcamientos y en trasteros.

Éxito del 95% 

Las furgonetas distribuyen únicamente de noche a esos centros de distribución y durante el día, con horarios flexibles y adaptados a las realidades del cliente, mensajeros de barrio que circulan con patinetes eléctricos, consiguen un éxito de más del 95% en las entregas, generando cero emisiones. El proyecto aún se encuentra en fase de inicio pero su objetivo es el de terminar implantándose en toda España.

No se trata únicamente de esperar que la iniciativa privada resuelva por si sola un problema que empieza a ser agobiante, en el sentido que hace tiempo que ha dejado de ser sostenible que furgonetas de todo tipo y tamaño realicen miles de entregas en ciudades ya de por si colapsadas y medioambientalmente con niveles de contaminación alarmantes, sino también de tomar iniciativas publicas y administrativas que faciliten la expansión y el desarrollo de aquellos proyectos, aún incipientes, pero que ya apuestan por modelos eficientes y sostenibles.

Este es un caso claro donde la iniciativa privada debe ir de la mano de la pública porque el objetivo es común. Por un lado conseguir mejorar la movilidad urbana, por otro, incrementar los índices de eficiencia en la entrega de paquetería en la ultima milla, poniendo el acento en el cliente final y no en el cliente en origen y, por último, conseguir mejorar notablemente la calidad del aire que respiran los ciudadanos.

Ciudades como Barcelona ya no pueden esperar a que otras capitales europeas o mundiales desarrollen modelos que luego podamos importar. Barcelona, gracias a las experiencias que hoy ya se están desarrollando puede liderar, a nivel nacional e internacional, la implementación de una distribución de proximidad sostenible y eficiente y puede ser modelo y referencia para otras muchas ciudades del mundo. Se trata de sumar en un ámbito donde hasta ahora todo el mundo ha ido por su cuenta y de manera aislada.

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