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LA CLAVE

Reconocer la derrota

Enric Hernàndez

El independentismo ganó las batallas del 1-O y el 21-D, pero ha perdido su propia guerra. Hora es ya de asumirlo y de obrar en consecuencia

Medio año después del 1-O, los frutos de aquella supuesta gesta están a la vista: Catalunya sin Govern, los CDR ocupando el vacío de poder, el independentismo noqueado y sus líderes, en prisión preventiva y/o a la espera de ser extraditados. Los porrazos policiales que a tantos indignaron no bastaron el 21-D para ampliar el perímetro electoral del independentismo, y la victoria de este en escaños no ha evitado que su mayoría parlamentaria salte por los aires. Tampoco abren los autos del juez Pablo Llarena el menor resquicio a la magnanimidad, ni se imponen las voces pragmáticas del soberanismo que urgen a restituir la Generalitat y pasar página del 155.  

En términos fácticos, los prohombres del 'procés' ganaron dos batallas, las urnas 'republicanas' del 1-O y las autonómicas del 21-D, pero han perdido su propia guerra. Cuanto más tarden en reconocer su derrota, asumir que ninguno de sus presagios se cumplió y obrar en consecuencia, menos creíble será su relato y mayor la erosión de las instituciones y de la convivencia en Catalunya.

Ahora bien, ¿quién pone el hilo a la aguja? No será ya el juez del Supremo, que precipitó su instrucción por el intento de Jordi Turull, excarcelado bajo la promesa de no reincidir, de ser investido con el apoyo de la CUP. Menos margen tiene el Gobierno, que ni pudo liberar a Joaquim Forn, fiscal mediante. No, la pelota está ahora en dos tejados: el catalán y el alemán.

ACTA DE DEFUNCIÓN

Con el mismo programa autonomista que presentó Turull, JxCat y ERC tienen a su alcance elegir a un candidato sin tacha que recobre las riendas del país. En manos de Carles Puigdemont y Toni Comín está otorgar al soberanismo la mayoría suficiente para investir un 'president' que firme el acta de defunción del unilateralismo y facilite la excarcelación de los políticos presos.

En el frente judicial, Alemania marcará la pauta: de extraditar al 'expresident' por desobediencia y malversación, pero no por rebelión, abriría en canal la causa del Supremo y limaría futuras condenas. Pero, mientras la justicia germana deshoja la margarita, es el Parlament el que elige: Govern efectivo o 155 sine díe.

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