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LA CLAVE

Un modelo que se apaga

Albert Sáez

Los Presupuestos Generales del 2018 prevén un crecimiento algo inferior al del año pasado. La inflación repunta mes a mes. El empleo, en términos absolutos, no alcanza los niveles anteriores a la crisis. El déficit público sigue entre los más altos de la zona euro. Las desigualdades se acrecientan. La demanda interna no se recupera porque los salarios no remontan puesto que las exportaciones se sustentan en la mano de obra barata igual que el turismo. La foto de la economía española es tan gris como lo era hace diez años. El único logro conseguido ha sido la deglución de la cuota local de la crisis hipotecaria en base a las ayudas públicas a la banca. En el resto de asuntos -incluida la principal preocupación europea que era y es el déficit público, con las pensiones a la cabeza- no ha habido otra política que el wait and see exasperante del estilo político de Mariano Rajoy

Y lo más decepcionante ya no es que no se haga ninguna reforma estructural sino que ya nadie las pida. La oposición -o lo que sea exactamente Ciudadanos- entrega su apoyo a los Presupuestos por un plato de lentejas en las pensiones. ¿Dónde está la energía renovadora de los artículos y los libros que escribió en el inicio de la crisis el responsable económico del partido naranja, Luis Garicano? ¿Qué propuestas tiene el PSOE de Pedro Sánchez más allá de alguna intervención cosmética en materia impositiva? El panorama no es mucho más alentador si giramos la mirada hacia los agentes sociales. ¿Por qué han permitido los sindicatos la putrefacción del Pacto de Toledo y el regreso de las pensiones a la agenda electoral, cosa que no ocurría desde 1996? ¿Dónde está la insistencia de la patronal CEOE para que se revierta la caída de los salarios? ¿Quién ocupa en lugar de César Alierta como patrón de patrones? ¿Quién alza la voz para pedir reformas estructurales para la economía española? Sin duda es más cómodo echar todas las desgracias sobre les hombros de los políticos catalanes, pero cuando acabe esta comedia, la desnudez de la clase dirigente española será inevitablemente evidente. Solo faltará que alguien la perciba. 

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