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ANÁLISIS

¿Qué es Barcelona para Ada Colau?

Jordi Mercader

La campaña le ofrecerá a la alcaldesa una oportunidad para responder al interrogante. Ahora ya sabe cómo funciona el ayuntamiento, ha comprobado la complejidad de la ciudad y la pluralidad de intereses de los barceloneses

Ada Colau ha buscado un perfil identificable como alcaldesa en el aumento del gasto social y en la política de vivienda, sin embargo, los frutos de estas dos prioridades están muy verdes para ser contempladas como bazas electorales seguras para un segundo mandato. El caso es que todo el consistorio ya está pensando en las elecciones municipales del próximo año y a los 'comuns' les cuesta elaborar un balance optimista de su gestión.

Nadie discute la urgencia de combatir la desigualdad, no se trata de un error en la elección de las prioridades, sino en lo enredado que es este ámbito y en la lentitud de las medidas para obtener unos resultados cuantitativamente relevantes. Algo parecido podría decirse del plan de intervención en el área más deprimida de Barcelona, el Besòs. Todo va para largo y los ciudadanos son como Santo Tomás. No es un problema nuevo, todos los alcaldes lo han sufrido.

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La singularidad del mandato de Colau es otra. La aplastante minoría de su gobierno le ha hecho prisionera de la oposición. Sus adversarios, viendo la debilidad y la escasa experiencia en la negociación, le han negado el pan y la sal, evitando que sacara adelante los proyectos indispensables para dar brillo a su gestión. Y cuando tuvo un pacto con el PSC, lo rompió por el qué dirán los partidos independentistas, que siguieron criticándola cuando se quedó sin socios.

Operaciones frustradas por falta de apoyos

El tranvía, la funeraria pública, la remunicipalización del servicio del agua forman parte de un catálogo de operaciones frustradas por falta de apoyos; luego están los jardines peligrosos del turismo o el 'top manta' en los que se adentró sin haber identificado las salidas y todavía quedaría la lista de las obras en las que no creía inicialmente, como el túnel de Glòries, que no llegarán a tiempo por las revisiones aplicadas. 

Todos sus déficits de gestión, los provocados y los propios, no comprometen tanto sus posibilidades de reelección como la incógnita que arrastra desde el primer día de su mandato. ¿Qué es Barcelona para Ada Colau? La falta de respuesta a esta pregunta básica puede explicar el porqué le han fallado las complicidades habituales de los alcaldes con los tradicionales actores ciudadanos sin haber conseguido, tampoco, tejer apoyos con protagonistas alternativos.

La campaña le ofrecerá a Colau una oportunidad para responder al interrogante. Ahora ya sabe cómo funciona el ayuntamiento, ha comprobado la complejidad de la ciudad, la pluralidad de intereses de los barceloneses y no puede llevarse a engaño sobre las medidas relámpago para acabar con problemas estructurales. A su favor tendrá un potencial de liderazgo algo apagado últimamente pero todavía apreciable para defender la alcaldía. Aunque tal vez no vaya a ser suficiente de no cumplirse estos dos requisitos: que no haya candidatura única del independentismo y que los bloques de la política catalana se resquebrajen lo justo para dar vida a la transversalidad. Estas dos circunstancias pesaran más que todos los kilómetros de carril-bici. 

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