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LIBERTAD CONDICIONAL

Los hombres y mujeres que no amaban a los niños

Los hombres y mujeres que no amaban a los niños

Lucía Etxebarria

Hace dos semanas publiqué un hilo en Twitter y un 'post' en Facebook que me costaron miles de comentarios insultantes. Me vi obligada a cerrar mi cuenta de Facebook. Los comentarios en Instagram y Twitter, los insultos, las amenazas de muerte, duraron más o menos cinco días. Después, todo el acoso cesó. Se trataba de un ataque organizado, y esos ataques no se mantienen mucho. Pero desvió el interés de lo que realmente estaba diciendo. Así que, ahora que el culebrón ha pasado, querría volver a decirlo
Gabriel Cruz no ha sido el único niño asesinado por alguien de su entorno cercano en España. Naiara, una niña de ocho años, sufrió 12 horas de tortura a manos de su tío, incluyendo descargas eléctricas, antes de morir. No hubo una avalancha social contra este hombre ni se difundió su rostro y nombre en medios, como se hizo con Ana Julia. Naiara, al parecer, era una víctima de segunda que no merecía la misma atención mediática que Gabriel.

Como no la han merecido los cien niños que en los últimos años han sido asesinados por personas de su entorno familiar en España. Ni el 20% de niños españoles abusados sexualmente. Uno de cada cinco. Ni el 28,7% de niños maltratados.  Casi uno de cada tres.
Como lo leen. Uno de cada cinco menores, abusado sexualmente. Y esto no lo dice ninguna feminista, lo publica un diario extremadamente conservador. Otras estimaciones, como la de Save The Children, sitúan esta cifra en uno de cada cuatro. 

Me hubiera gustado que lo que dije sirviera para poner sobre el tapete el hecho de que no escuchamos a los niños abusados y maltratados. Que cuando un niño repite (como fue el caso de Gabriel Cruz) a su madre, a su padre, a sus amigos, a su abuela, y hasta a la vecina que no quiere estar con una persona, habría que escucharle. No dar por hecho que el niño se lo inventa o miente.

Por eso en España, como denuncia Save The Children, apenas se llega a denunciar el 15% de los casos de abusos y maltratos a niños y niñas. Debido a los  falsos mitos, y a la falta de formación y educación al respecto.

El primer falso mito es que los niños mienten. Gabriel no mentía. Numerosos testimonios ya han dejado claro que este niño en particular era un «niño bueno», que no había razón para dudar de su palabra. Y que se le dejó al cargo de una mujer que lo vestía y lo llevaba al colegio ( según su propia afirmación, y según los hechos), una mujer cuya historia se desconocía. Y por eso se desconocía que había varias muertes sospechosas en su pasado. Esto no significa culpar al padre. Esto significa lo que significa: que hay que escuchar a los niños.

En España, 
apenas se 
denuncia 
el 15%
de los casos de 
abusos y 
maltratos a 
menores

Otros es creer que los agresores son desconocidos. Pero solo lo son en cuatro de cada 10 casos. O que son monstruos. Pero suelen ser personas socialmente integradas. Por eso, nadie en el entorno dudaba de Ana Julia, que les caía tan bien.

Save the Children denuncia los fallos de un sistema que no protege a los denunciantes. El fallo empieza muchas veces en el colegio, donde tan solo un 15% de los casos que se conocen se comunica a las autoridades.  Aún así, cada día se denuncian en España 37 casos de maltrato infantil. De los que la mayoría, por mucho que se denuncien, ni siquiera llegan a juicio. Y si llegan, no se condenan, porque el niño, presionado y amenazado, obligado a declarar ante un juez y un fiscal, se retracta por miedo a su agresor.

Pero el maltrato que se denuncia es la punta del iceberg:  el grueso no se detecta ni se reporta. Como no se detectó el caso de Gabriel. Porque una persona que es capaz de matar a un niño a sangre fría e insultar a su cadáver, una persona que casi con seguridad había matado a una niña antes, es una de esas personas que insultan, gritan, humillan  y pegan a los niños, mucho antes de que hayan decidido asesinarlos. Y el niño, claro, se quejaba.

Por eso vuelvo a incidir sobre el tema incluso si me expongo a otra avalancha de comentarios insultantes. Es triste que el caso de Gabriel Cruz solo haya servido para sacar a la palestra la prisión permanente revisable, pero nadie haya hablado del hecho de que Save the Children ha solicitado hace tiempo que se cree una Ley orgánica de medidas integrales para combatir la violencia contra la infancia. El Parlamento no le ha hecho ni caso, dicha ley no existe ni en proyecto. ¿Cuántos Gabrieles, cuántas Naiaras más tendremos que ver en medios hasta tomar conciencia? 

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