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Editorial

Concretar en infraestructuras

Los presupuestos del 2018 serán un termómetro de la normalización de las inversiones en Catalunya

Las obras de la estación de la Sagrera, recientemente retomadas tras un parón de años, el pasado 26 de marzo, con algunos trabajadores. 

Las obras de la estación de la Sagrera, recientemente retomadas tras un parón de años, el pasado 26 de marzo, con algunos trabajadores.  / MAITE CRUZ

La inversión en infraestructuras ha sido tradicionalmente uno de los termómetros más sensibles para valorar la actuación del Estado en Catalunya. Desde los tiempos del primer catalanismo hasta el debate del Estatut del 2006, el gasto en carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos ha sido un indicador aceptado por todos. También en estos últimos años, los que acabaron defendiendo la independencia, lanzaron sus primeras reivindicaciones sobre el «derecho  a decidir» en infraestructuras en el ya famoso acto del IESE. Y de la administración de la autonomía a través del artículo 155 de la Constitución, si se ha hecho visible en algún aspecto ha sido en los reiterados anuncios y visitas del ministro de Fomento, Íñigo de la Serna.

Este nuevo escenario en la inversión pública en Catalunya pasará su prueba de fuego este martes cuando se pueda saber el montante total y el destino territorial de las inversiones previstas en los Presupuestos Generales del Estado del 2018. Será el momento de comprobar si los anuncios de los últimos meses tienen traslado a los créditos consignados y si las prioridades establecidas coinciden con las de los diversos sectores económicos y los ayuntamientos.

En esta situación excepcional, nadie podrá alegar –como se ha hecho tantas veces– que el distinto signo político de las administraciones entorpece la puesta en marcha de proyectos o que la cicatería del nacionalismo catalán en el apoyo a los Gobiernos de España dificulta una apuesta por uno de los polos económicos del Estado.

El Ministerio de Fomento ha tenido en su mano todos los resortes necesarios para desbloquear obras que ha considerado prioritarias como los accesos al puerto y al aeropuerto de Barcelona o el soterramiento de las vías de Rodalies en poblaciones como L’Hospitalet o Montcada i Reixach. Sin caer en ninguna forma de populismo, porque los proyectos técnicos y las licitaciones tienen sus tiempos y sus formas, habrá que analizar minuciosamente el proyecto de Presupuestos para ver si se incluyen en estas cuentas del 2018 los créditos necesarios para normalizar la inversión del Estado en Catalunya sin exhibir ninguna suerte de privilegios pero reconociendo su aportación al crecimiento del conjunto de España. Ese sería en todo caso un paso en la dirección de calmar los ánimos.

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