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En clave europea

La UE, cautiva de Turquía por el pacto migratorio

Eliseo Oliveras

Europa se muestra acomodaticia con Ankara por los refugiados y para que no se acerque más a Moscú

Los líderes europeos expresan sus quejas a Erdogan pero sin medidas de presión concretas

La Unión Europea (UE) sigue cautiva de Turquía a causa de su pacto del 2016 con Ankara para impedir que los refugiados e inmigrantes llegaran a territorio europeo, como ha mostrado la cumbre bilateral celebrada esta semana en Varna (Bulgaria). Además de la cuestión migratoria y los intereses económicos, tanto la UE como la OTAN mantienen una actitud conciliadora con Turquía para evitar que intensifique su acercamiento a Rusia en medio de la creciente tensión entre Occidente y Moscú. El demoledor informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Derechos Humanos del 20 de marzo sobre la supresión de libertades en Turquía y la tortura de detenidos no ha alterado esta estrategia.

La actitud acomodaticia con Ankara se produce al precio de desproteger a los socios y aliados más débiles, como Grecia y Chipre, y de mostrarse pasivos ante la represión interna, la actuación de los servicios secretos turcos en Europa y la ofensiva militar turca contra la población kurda en Siria, pese a que fueron las milicias kurdas quienes lucharon contra el Estado Islámico protegiendo a Occidente. Pero esta estrategia no ha evitado unos lazos cada vez más estrechos del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, con su homólogo ruso, Vladimir Putin, ni la compra turca de baterías antimisiles S-400 rusas, incompatibles con el sistema operativo de la OTAN.

Doble ficción

La cumbre UE-Turquía concluyó sobre la base de mantener una doble ficción: que Turquía podrá un día ser miembro de la UE y que Erdogan mantiene realmente como objetivo la adhesión. La promesa de integración de Turquía a la UE arranca del Acuerdo de Asociación de Ankara de 1963, en plena guerra fría, cuando el ejército turco desempeñaba un papel central en la estrategia defensiva del flanco suroriental de la OTAN ante la temida posibilidad de un eventual ataque o conflicto con la Unión Soviética. Este papel llevó a Occidente a condonar e incluso avalar los golpes militares en Turquía, en especial el brutal golpe de 1980, que se centró en destruir a la oposición de izquierdas: políticos, sindicalistas, periodistas, escritores y académicos.

Las negociaciones de adhesión de Turquía a la UE, iniciadas en el 2005, están paralizadas de facto desde hace varios años debido al retroceso democrático turco y a su comportamiento con Chipre. Las negociaciones vivieron una momentánea y simbólica revitalización coincidiendo con el pacto migratorio, pero han vuelto a quedar paralizadas.

Apariencia de democracia

El autoritarismo del régimen de Erdogan impide a Turquía cumplir el criterio esencial de respetar los principios democráticos, fijado en la cumbre europea de Copenhague de 1993 y que deben cumplir todos los países para ingresar en la UE. El islamismo político y la reislamización del país promovidos por Erdogan han acabado de alejar la posibilidad de que Turquía pueda convertirse en miembro de la UE. A la oposición más o menos abierta que ya existía en Alemania, Francia y Austria a aceptar el ingreso de Turquía, se han sumado los países del Este. Gran Bretaña era el principal valedor de Turquía, pero se encuentra en proceso de abandonar la UE.

Erdogan, una vez afianzado su poder en Turquía, ha mostrado con su política y sus medidas legislativas que ha dejado de interesarle el ingreso en la UE. Erdogan utiliza el estancamiento de las negociaciones, que él mismo ha provocado, como un arma política arrojadiza contra la UE y como un instrumento electoral para encender el nacionalismo turco aglutinado alrededor de su persona y para promover su estrategia de ampliar su poder e influencia en Oriente Próximo. El mantenimiento de la ficción de que Turquía es aún un candidato viable a la adhesión a la UE ayuda a Erdogan a preservar una apariencia de democracia en un régimen autoritario.

La UE dejó claro en la cumbre que sus prioridades son el acuerdo sobre inmigración y las relaciones comerciales, mientras que las otras cuestiones quedaron relegadas a segundo plano. El presidente Donald Tusk detalló a Erdogan las quejas de la UE, pero sin ninguna medida de presión concreta. La UE prepara el desembolso de 3.000 millones de euros adicionales a Turquía por sus servicios como gendarme migratorio, pero no obtuvo el compromiso de Erdogan de liberar a los soldados griegos fronterizos detenidos al cruzar accidentalmente la línea de demarcación, ni de dejar de bloquear con buques militares las prospecciones gasistas en aguas chipriotas, ni del cese de la campaña de sus servicios secretos para asesinar a dirigentes kurdos en Europa.

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